<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" href="/rss20.xsl" media="screen"?>
<rss xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" version="2.0">
    <channel>
        <title>Luz de agosto - blog</title>
        <description>Julio Carreras (h)</description>
        <link>http://fulgor.blogspirit.com/blog/</link>
        <lastBuildDate>Mon, 10 Nov 2008 20:02:34 -0300</lastBuildDate>
        <generator>blogSpirit.com</generator>
        <copyright>All Rights Reserved</copyright>
                        <item>
                <guid isPermaLink="true">http://fulgor.blogspirit.com/archive/2008/08/09/el-punto-y-la-coma.html</guid>
                <title>El Punto y la Coma</title>
                <link>http://fulgor.blogspirit.com/archive/2008/08/09/el-punto-y-la-coma.html</link>
                <author>noreply@blogspirit.com (Julio Carreras (h))</author>
                                                <category>Blog</category>
                                                <pubDate>Sat, 09 Aug 2008 10:05:00 -0300</pubDate>
                <description>
                    &lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; &lt;w:WordDocument&gt; &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt; &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt; &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt; &lt;w:PunctuationKerning/&gt; &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt; &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt; &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt; &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt; &lt;w:Compatibility&gt; &lt;w:BreakWrappedTables/&gt; &lt;w:SnapToGridInCell/&gt; &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt; &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt; &lt;w:DontGrowAutofit/&gt; &lt;/w:Compatibility&gt; &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt; &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt; &lt;w:LatentStyles DefLockedState=&quot;false&quot; LatentStyleCount=&quot;156&quot;&gt; &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;  &lt;object         classid=&quot;clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D&quot; id=ieooui&gt;           &lt;/object&gt;  &lt;style&gt; st1:*{behavior:url(#ieooui) } &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:&quot;Tabla normal&quot;; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:&quot;&quot;; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:&quot;Times New Roman&quot;; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/01/1fcc691c1aa5f682fb298474786f69c2.jpg&quot; id=&quot;media-233633&quot; title=&quot;julio carreras&quot; alt=&quot;1fcc691c1aa5f682fb298474786f69c2.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;b&gt;Nota:&lt;/b&gt; la siguiente entrevista, donde se narran bastantes aspectos biográficos, fue publicada en la revista cultural El Punto y la Coma.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Primero queremos saber detalles del lugar y fecha de nacimiento, padre, madre, hermanos, infancia, adolescencia, juventud y militancia política. Un pantallazo del Santiago de aquellos años no vendría mal como marco para la entrevista.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;El nacimiento como tal ocurrió en un sanatorio cuyo nombre no recuerdo, sobre calle La Plata, entre Pellegrini y Salta, donde ahora hay un negocio que se llama Norte Beneficios. Pero yo siento haber nacido en Guasayán, puesto que ese mismo día todos volvimos allá, donde mi mamá vivía como maestra de escuela. Los primeros cielos estrellados, horizontes, voces, caballos, vacas, pájaros que entraron en mi conciencia fueron de allí, de Campo Verde, donde vivíamos con mi tío Agustín.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi padre y mi madre estaban dispersos, en dos escuelitas diferentes, ella ahí cerca de Campo Verde, mi papá en Monte Quemado. Quien sabe por qué a mi me dejaron bajo la custodia de mi tío Agustín, que era soltero aún, director de la escuela de Campo Verde, y de mi abuelo, Comisario de Guampacha con su esposa, &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Corina Coria, todos viviendo en una casa de Campo Verde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Esta fue mi familia hasta los cuatro años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi tío recuerda riendo la vez que le arruiné el Registro de la escuela por subirme a la mesa donde él trabajaba y volcar un tintero sobre aquel libro. Enojado, esa misma mañana preparó todas mis cositas, las puso en dos alforjas, y me mandó sobre un burro a la casa de mi mamá (que no debía ser demasiado lejos), acompañado por Dulcirio, un criado. Mi abuela lloraba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&quot;A la tarde apareció de nuevo, sobre el burro&quot;, narra Agustín: &quot;¿Y ahora por qué vuelves?&quot;, preguntó. &quot;No me gusta allá. Es fiero. Me voy a quedar a vivir aquí&quot;, dijo aquel niño temperamental que yo era. Y con ellos iba a quedarme hasta los cuatro años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi abuelo obtuvo una casa del plan de viviendas en el barrio &quot;Eva Perón&quot;, de la ciudad, y más o menos cuando yo tenía tres años -1953- fuimos a vivir con ellos en aquella verdadera casona, pues los planes de vivienda de aquel tiempo construían casas extraordinariamente dignas si uno las compara con lo que se comenzó a hacer mediando los setenta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La casa era tan grande, que luego mi tío y mi papá se repartirían el espacio, construyendo dos grandes viviendas allí, para sus familias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Pero en aquel tiempo -los años 50- mi abuelo aprovechó rápidamente el espacio construyendo en el patio del costado un gigantesco encatrado, por donde treparon muy pronto dos plantas de uva negra y uva blanca que comenzaron a ser nuestras delicias en los veranos. Al fondo tenía una huerta, dividida en rectángulos bien ordenados, cada uno con remolacha, rabanitos, lechuga, perejil, achicoria, batata y papa. Cerrando el conjunto, una prolija herradura ancha cultivada con zapallo, calabaza, melón y sandía. Todo eso se podía hacer en aquella casa y se utilizaba para nuestras comidas -que éramos sólo cuatro, mi abuela Jita, mi &quot;Tataviejo&quot;, una joven muchacha a quien decíamos la &quot;Petiza&quot; y yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;En el jardín del frente mi Tataviejo, Brígido Carreras -que por entonces tenía 57 años-, comenzó a practicar todo tipo de injertos con rosales. Y obtenía unas flores gigantescas y exóticas, unas rosas blancas con pintas rojizas, claveles de diferentes colores en la misma planta, y fenómenos así. Solía pasar horas transplantando, haciendo cortes en los tallos para introducir los gajos de otras especies, y yo le ayudaba alcanzándole las herramientas o trasladando algunas plantitas de aquí para allá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi abuelo y mis padres eran peronistas. Mi abuelo era algo filonazi, me hablaba muy bien especialmente del general Rommel, y se lamentaba de que hubiesen perdido la guerra. Pero mi mamá provenía de una familia liberal, se había casado con mi papá adolescente, al parecer más que nada para huir del Colegio de Belén, donde la habían internado al quedar viuda su madre, pues ellos vivían en Garza. Mi mamá dice que las monjas la obligaban a arrodillarse sobre maíces durante horas cuando consideraban que habían cometido alguna transgresión y ella estaba desesperada por salir de allí. Al menos así me lo contaría, mucho después, cuando volviera a verla, pues se fue de Santiago cuando yo tenía cinco años y pudimos conversar nuevamente sólo varios años más tarde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi padre comenzó a escribir para la radio cuando derribaron al gobierno peronista y los echaron a todos -Agustín, Mariano y él, los tres hermanos, maestros rurales-. Oscar A. Spaini, un empresario peronista, le hizo un espacio también en su negocio, como administrativo. Pero mi papá, luego de un tiempo, cedió ese espacio a mi tío Agustín, quien más tarde sería designado por Spaini como gerente de la Cámara de Comercio, por entonces de orientación filoperonista.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi padre había cobrado prestigio como poeta desde muy joven -él se recibió de Maestro a los 18 años, con medalla de oro. Cultivaba su voz y vestía con elegancia afectada, a la usanza de los poetas románticos. En un tiempo en que todo debía leerse, por la radio, se convirtió en el redactor principal de LV11, Radio del Norte y más tarde en Director Artístico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Pero lo que sería posiblemente su obra más importante, fue la creación, en 1958 -¡a los treinta años!-, de la Dirección de Cine y Radio Escolar. Él consiguió, como donación de la Embajada Alemana, un hermoso proyector de cine, de 35 mm, con el que llevaban el cine al campo, a lugares adonde jamás se lo había visto. Presentaban películas hermosas, como Shunko, donada por Lautaro Murúa, que durante su filmación se había hecho amigo de mi papá. Era una institución estatal, así que por primera vez en Santiago del Estero se hizo lo que ahora se llama &quot;Cine Móvil&quot;, desde el Estado. Hace un par de meses, en un seminario de la Subsecretaría de Cultura, un funcionario dijo que &quot;estaban investigando si hubo alguna vez cine móvil en Santiago&quot;. Pues bien, sí lo hubo, comenzó en 1958, fue creado por el Consejo General de Educación, debido a una iniciativa de mi padre, y duró hasta&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; 1975, fecha en que por instigación militar detuvieron acusándolo de &quot;subversivo&quot; a mi padre.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La ciudad de Santiago era muy hermosa como ámbito durante el periodo de transición en que me tocó habitarla durante mi adolescencia. Uno podía cruzar tranquilamente, por ejemplo, una y otra vez desde la plaza Libertad hasta el Jockey Club y de allí volver -cosa que hacíamos los fines de semana y en vacaciones todas las tardes con mis amigos, pues formábamos barras que se esparcían por los bancos de la plaza, las mesas del Jockey Club, la Confitería Ideal, Siroco, o la galería Lindow, todos espacios deleitosos y amables donde nos exhibíamos los adolescentes, varones y mujeres, de entonces (1965-73), concertábamos todo tipo de combinaciones amistosas o sentimentales, o simplemente conversábamos o nos mirábamos. Por entonces había tan poco tránsito de vehículos con motor en las calles, que prácticamente todo el centro era una gran peatonal. Recuerdo que Utu Álvarez se dio el lujo de atravesar tranquilamente el centro en un hermoso caballo, alazán lavado, cierto mediodía dominguero con sol de invierno, cuando la plaza y las confiterías rebozaban de chicos, y chicas. Utu saludaba a uno y otro costado como si viviéramos en la época de Ibarra, y en el tiempo que él usó para cruzar viniendo desde la Roca hasta la plaza no fue molestado ni por un solo auto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Los jóvenes hacían cosas así. Para llamar la atención. Me acuerdo que había un muchacho de La Banda, Tufí creo, que una vez se vino con una cupé ford modelo 1930 más o menos, acondicionada de modo exquisito, con la capota abierta, un chofer y él atrás. Ambos, el &quot;chofer&quot; y él, se habían vestido como en los años 30: llevaba frac y galera, y el chofer (un amigo) uniforme azul, con botones dorados, y gorra. Se bajó así -el chofer le abrió la puerta-, frente al Lawn Tennis, y te imaginas, todos lo miraban.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Mi adolescencia transcurría aquí, entonces, tratando de manifestarme de un modo propio en un ámbito provinciano en el cual todos éramos más o menos importantes. Hallé la forma de ser fugazmente importante a través de la guitarra eléctrica, que tocaba en conjuntos sumamente populares entre las clases medias y altas. El mejor fue Los Zombies, que formamos con Hugo Mansilla, Kililo Alfano, Alejandro Bruhn Gauna y Cacho Rigourd. Debo mencionar a Carlos Sánchez Gramajo (h), Mario Busnelli, Daniel Nassif y José María Curto, quienes fueron algunos de los jóvenes músicos, muy prestigiosos en ese tiempo, con quienes también toqué, puesto que con frecuencia se&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; reorganizaban los grupos, cambiándose sólo de nombre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Por qué y para quién escribe&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Cachín Díaz fue el responsable -para mal o para bien- de que yo empezara a escribir de un modo sistemático. Una tarde mientras descansábamos entre guardia y guardia, en la colimba, me preguntó si querría escribir un comentario sobre música, para una nueva sección que se había creado en El Liberal. Quería llevarla al día siguiente. Me liberó de tareas para ello -pues él era cabo dragoneante-, me senté en el escritorio de la guardia, y en un rato le escribí un artículo comentando la música de Blood Sweat and Tears, un conjunto norteamericano que me gustaba. Cuando lo vi de nuevo, unos dos días después, estaba entusiasmado:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;-¡A los muchachos, Farreras y Di Piazza, les ha gustado mucho! ¡Me han dicho que escribas todas las semanas, que te van a pagar!...-dijo, apenas me vio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Me pagaron una suma que debe haber sido como unos cuarenta pesos, por ese artículo, y todos los que seguirían. Pero ver mis notas en el diario, además, me empezó a entusiasmar. En verdad no era tanto que apareciera mi nombre, aunque eso también me daba satisfacción, para qué negarlo, quizá como a un artesano de la madera le satisface firmar una pieza, por ejemplo un buen sillón. Me parecía un fenómeno algo mágico que ayer yo escribiese algo a mano, sobre un papel, y verlo después impreso, embellecido con las imágenes, pues publicaban carátulas de los discos que comentaba o las fotos de los músicos, para complementar.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Después de ese período -desde fines de 1970 hasta mediados de 1971-, dejé de escribir por un tiempo, para poner un negocio que se llamaba Ojo. También me enamoré por primera vez, y estas dos cuestiones llenaban mi vida. El negocio no duró mucho. Cometí el error que repetiría una y otra vez: pretendí vender buena música, buenos libros, que nada vendido en Ojo fuera banal, pasatista, estupidizante. Había alquilado el local de la Casa Diocesana -ese donde está Lave Rap, ahora, sobre la Independencia, entre Urquiza y Mitre-; había hecho pintar esos dos enormes locales de blanco, decorando las paredes con buenos afiches adquiridos en Buenos Aires. Los exhibidores, fabricados especialmente por un artesano del hierro,&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; mostraba plenamente las carátulas de los discos contra las paredes blancas. El &quot;Caballo&quot; Pernigotti me había regalado un par de sillones y una mesita de quebracho colorado, luego de traerlos, supongo, de algún obraje suyo, pues estaban cortados directamente sobre gigantescos troncos del quebracho, eran unos muebles hermosos, como de hierro: todavía están, en la terraza de la casa de mi papá, después de haber pasado más de treinta años a la intemperie, como si nada. Había hecho un acuerdo con Kikí Ferreyra para que él ocupase un pequeño sector de los locales, con sus negocios de espectáculos, que iban muy bien con Ojo pues ya en aquel entonces el trabajaba con artistas de gran jerarquía, como Mercedes Sosa o el grupo teatral compuesto por Walter Vidarte, Héctor Alterio, Ana María Picchio y Víctor Laplace. Tenía una empleada muy, pero muy bonita, que había salido Reina del Trigo. Se llamaba Rosita Martín.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Bien. No hacía plata pero me sentía muy bien. Íbamos con Kikí a Buenos Aires, sustentados en parte por Johnny Diéguez, en cuyo Grand Hotel, o en La Jaula, boliche complementario, trabajábamos con Kikí, y también con Acho Vidal, Mario Feijóo, o el Gallego Dougnac.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Cómo no escribir, después, tantas cosas interesantes y bellas que me ocurrían?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Por otra parte, el ámbito donde se desenvolvía mi papá -con quien yo pasaba gran parte del día- era muy estimulante. Por ese tiempo él había creado una revista que se llamaba Santiago Educacional. Y tal vez siguiendo el ejemplo del IOSEP, por entonces de reciente formación, se le ocurrió que el Consejo les descontara una suma mínima -digamos veinticinco centavos, por planilla, a los maestros de toda la provincia, cada mes. Y con esos fondos hacían una hermosa&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; revista, tapa a todo color y láminas internas también a color, que en aquél tiempo era lo máximo. Cada dos meses, se enviaban paquetes a cada escuela, con tantas revistas como maestros había en ella, para que se las distribuyeran.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La revista tenía gran nivel. Colaboraban en ellas personas muy inteligentes y capaces, como el licenciado Pedro Luna o Graciela Arán de Rizzo Patrón. Cada uno recibía su paga, estrictamente, como correspondía. Mi padre era el director de la institución -que por entonces había transformado su nombre en Dirección de Técnicas Audiovisuales, y más tarde Servicios Técnicos Educacionales, incorporando también un Centro de Documentación Educativa. Ahora había varios empleados, seleccionados entre los más inteligentes en el Consejo de Educación. Recuerdo por ejemplo a la señora Emalina López de Mansilla y a Pepito Balderrama. Estaba también, entre lo colaboradores más estrechos de mi padre, mi tío, Mariano Carreras, quien por entonces ya tenía una feraz carrera docente y había llegado a la máxima categoría: Supervisor. El &quot;círculo áureo&quot; que muchas veces por las tardes se reunía con mi papá estaba compuesto por Pedro Luna, mi tío Mariano, el doctor Juan Manuel Acuña, el ingeniero Braceras, &quot;Pocho&quot; Scarone Moyano. Todos tipos brillantes, yo solía estar silencioso en un rincón, durante horas, sin cansarme de escuchar. Frecuentemente se integraban también a las conversaciones Alfredo Gogna, Francisco René Santucho, Alberto Alba, Alberto Soli, Clementina Rosa Quenel, y con seguridad pasaba por aquellas oficinas cualquier tipo imaginativo o aventurero que viniese de otros lugares del mundo, en nuestro país o el extranjero. Entonces la vida era muy interesante e intensa para mí.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Después que debí cerrar el negocio porque me daba pérdidas, a mediados de 1972,&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; fue el tiempo que con mi novia, que se llamaba Clara Beatriz Ledesma Medina y vivía en el Pasaje Figueroa, comenzamos a hacernos de izquierda. Ella estudiaba Ingeniería Forestal y en ese entonces la facultad era un hervidero de militantes revolucionarios. Yo venía ya de una creciente radicalización ideológica, empezada a los 18 años luego de la muerte del Ché Guevara, y sustentada más tarde durante la colimba, en que retomé la lectura dando preferencia a autores nacionalistas de izquierda, como Hernández Arregui, Jauretche, Rodolfo Walsh o revistas densamente políticas como Planeta, de Louis Pauwels y Jacques Bergier.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Formamos un grupo al que bautizamos Ser, eligiendo como logotipo un perfil de Jimi Hendrix dibujado por mí; por ese entonces todo lo hacíamos juntos, ya, con Clara. También sacamos dos números de una revista (la primera fue increíble, pues la hicimos durante dos días encerrándonos a la siesta en el banco Coscrea, del cual un empleado, hermano de un miembro de Ser, nos prestaba en secreto las llaves, usando un mimeógrafo... salimos ese domingo como a las nueve de la noche, con el compañero de Ser que no quiero nombrar para no botonearlo, que era quien conseguía la llave, cubiertos de tinta negra hasta la frente, pero felices, con quinientos ejemplares de una revista de 16 páginas empaquetados, el primer número de Ser.) También hicimos, tal vez esto lo más importante, el primer Recital de Música Contemporánea (rock nacional) de Santiago. Esto sería muy largo de contar, y participaron más de cincuenta personas en ese grupo, por lo que en honor al tiempo de ustedes lo voy a dejar para otra oportunidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Allí empecé a escribir de nuevo. Yo escribía todos los volantes de Ser, que causaban envidia en las organizaciones políticas, pues solían despertar ecos importantes. También, obviamente, con la Clary, hacíamos todos los artículos de la revista. María Mercedes Tenti de Laitán conserva un ejemplar, que ya tiene mejor nivel gráfico, pues fue hecho en la Imprenta Amoroso, con carácter profesional.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Bueno, para esa revista había escrito un artículo que se llamaba, creo, &quot;Educación y dependencia&quot;. Una tarde de sábado, luego del almuerzo, se lo di a mi padre para que lo corrigiera. Él lo tomó con seriedad, fue a sentarse en un lugar apartado y lo leyó de un tirón. Enseguida vino a mi pieza, me entregó el artículo y me dijo: &quot;No tengo nada que corregirte. Los conceptos vertidos aquí son precisos y profundos. Has alcanzado ya una gran madurez intelectual&quot; Pocos días antes me había dicho, refiriéndose al Editorial: &quot;Vos tienes un don: todo lo que escribes, es interesante e induce a leerlo. Debes aprovecharlo, formándote con gran disciplina en las ciencias que necesites desarrollar.&quot; Para mí, esas dos frases fueron un gigantesco espaldarazo. A partir de entonces escribía constantemente, sobre cualquier tema, y leía durante horas -en realidad, como te decía, ya venía leyendo, con voracidad algo desmesurada, desde los 18 años, aunque también había leído mucho durante la infancia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La Librería Dimensión&lt;/span&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;fue nuestro refugio cotidiano, con Clara. Su dueña, Gilda de Santucho, me daba los libros que yo quisiera, para que los pagase como pudiera, así mi afecto y agradecimiento hacia ella son muy grandes. Cierto día de 1972 me llegó una carta ofreciéndome la corresponsalía del periódico quincenal de izquierda Nuevo Hombre, que se imprimía en Buenos Aires. Su director era Silvio Frondizi. Iba a ser ad honorem, pero acepté fascinado, no me explicaba cómo ellos sabían de mí. Más tarde ocurrió lo mismo con la revista Posición, de Córdoba, que tiraba 5.000 ejemplares. Finalmente, ya después de que me hubieran invitado a integrar el equipo editorial estable, para lo cual debí trasladarme a vivir en Córdoba -ahí ya sí con un sueldo-, me enteré que el artífice de todas esas invitaciones había sido Francisco René Santucho, quien por entonces integraba la dirección nacional del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). En Córdoba, también integré la Redacción en la corresponsalía del diario El Mundo, de Buenos Aires, y la revista Patria Nueva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La muerte de Clara me sumió en un periodo depresivo que duró poco, pues luego de eso (que fue lo peor que me pasó en la vida) me dije: o me suicido, o vivo con honor e hidalguía, haciendo siempre lo que me parezca el bien, aunque me cueste lo que sea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Ya por entonces, a los veintitrés años, la escritura se había convertido en mi trabajo diario.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Quiénes son sus autores preferidos en el orden mundial, nacional y local.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Me estremeció desde niño el Martín Fierro de José Hernández, vibré en la adolescencia leyendo Facundo (pero ese libro, escrito para difamar al caudillo, sólo intensificó en mí la admiración que sentía por él);&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; a los 18 años leí a Jorge Luis Borges y me gustó mucho, también Cortázar, Gudiño Kieffer, García Márquez y varios del Boom Latinoamericano, que por entonces -68, 69- estaba en su mayor efervescencia. Yo vengo de una formación historietística en la infancia. Tuve la inmensa suerte de ser niño y adolescente justo cuando la Argentina se convirtió en la meca mundial de la historieta, con guionistas y dibujantes de quienes no dudo fueron los mejores del mundo. Digo Hugo Pratt, José Luis Salinas, Roume, Casalla, Vogt, Solano López, Breccia, Durañona... y Ohesterheld... el gran, el inmenso Ohesterheld.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Pero con el tiempo los que fueron quedando en mi gusto, como preferidos, aquellos que uno desea leer una y otra vez, sin cansarse, fueron solamente tres: Edgar Allan Poe, Hermann Hesse y H. P. Lovecraft.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;En el orden local, el único que me llegó a gustar mucho fue Horacio Quiroga, y en el local-local, &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;el &lt;i&gt;Shunko&lt;/i&gt; de Jorge Washington Ábalos. Moisés Carol tiene historias magníficas, pero muchas veces arruinadas por su enredada escritura. Me gustaría leer algo más de lo poquito que vi de Carlos Abregú Virreina, Roberto Castro, Carlos Bernabé Gómez o Andrónico Gil Rojas, pero no se consigue.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Cuáles serían los escritores santiagueños indispensables en cualquier biblioteca.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;El mencionado Jorge Washington Ábalos, Clementina Rosa Quenel, Blanca Irurzum, Canal Feijóo, Betty Alba, Felipe Rojas, Alberto Alba, los hermanos Wagner; también, si se lo considera santiagueño, Ricardo Rojas. Y un libro, que no es de un escritor, sino de un especialista en literatura: &lt;i&gt;Santiago en sus letras&lt;/i&gt;, de José Andrés Rivas. Este libro recoge muchas de las mejores páginas de la literatura santiagueña, inéditas o imposibles hoy de hallar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Actualmente hay autores que me parecen buenos, como escritores, que tienen libros necesarios; por ejemplo, Guillermo Pinto, y Juan Manuel Aragón (h).&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Los santiagueños gustan leer los autores locales?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Me parece que no, porque nadie se interesa por editar ni promover la literatura local. Por lo general los libros que salen aquí son pagados por sus propios autores, aunque lleven algún supuesto sello editorial.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Escribir es un oficio o un divertimento?, ¿por qué?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Para mí es una profesión. Trabajo en ella como un constructor o un carpintero. Me pongo plazos y objetivos, horarios, volúmenes de producción y los cumplo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Todas las cosas que hice en mi vida, desde niño, fueron así. Cuando decidí dibujar y pintar, me sometía por voluntad propia a horas de agobiador ejercicio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Con la guitarra fue lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Tal vez la autora de ese criterio fuese una profesora de piano durante mi infancia, la señora Luisa Santini de Vélez. En el conservatorio Rossini, donde me inscribieron a los cuatro años, solía ponerme dos horas por día ante el piano repitiendo, una y otra vez, ejercicios de cuatro o cinco notas recurrentes, monótonas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Recuerdo que solían agarrarme unas horribles cosquillas en la columna a la altura del coxis y ganas de huir corriendo de aquellas obligaciones extenuantes. Pero finalmente vencía a mi propia desesperación, y cumplía esas tareas con dignidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Le produce dolor escribir, como dicen algunos autores, siente placer o tiene otra sensación?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Escribir cansa mucho. Especialmente los ojos. No, no lo hago por placer. Si fuera por mí, no escribiría. Lo que más me gustó hacer desde chico es pasear por los montes de Santiago. Acostarme en el suelo durante horas, mirar esos pequeños &quot;bichitos&quot; blancos que juegan contra el cielo celeste en los días de sol. O bañarme en el río.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; Esas cosas me gusta hacer, no escribir ni programar los argumentos que escribo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Si escribo, es porque creo que hay muchas cosas importantes que puedo decir, y también realidades que puedo ayudar a mejorar, escribiendo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Debe cumplir una misión ética el escritor o solamente proporcionar un buen momento a sus lectores?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;A las empresas editoriales les conviene que el escritor produzca bellas composiciones dentro de una ideología multivalente, permisiva. Que el libro también sea sólo un objeto de placer. Porque la base del comercio capitalista es que el objeto de uso agote su valor intrínseco, para que el consumidor -así lo llaman ellos- salga desesperado, si tiene dinero, a buscar un objeto nuevo. Que lo haga olvidarse de sí mismo, náufrago doliente en el perverso mundo de relaciones equívocas creado, precisamente, por el capitalismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Así aparecen y desaparecen escritores como este brasileño mefistofélico, que ya ni me acuerdo cómo se llama, medio degenerado, de quien decían también que era amante de la Bolocco (cuando ya estaba con Menem). &quot;Búm&quot;, sus libros se venden como choripanes en La Bombonera durante una final de Boca y River. ¿Y después? Puf, desaparece. Ni sus nietos se acuerdan de él. Hacen mucha guita, por lo general, como Britney Spears o Madonna. Pero nadie puede decirme que esas dos minas son, ni felices ni verdadero ejemplo para nadie.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La misión ética que debe cumplir un escritor, según creo, es ser cada vez mejor, acercarse cada vez más, en su vida personal, a la perfección. ¿Por qué? Pues porque si es responsable, se trata de alguien que tiene acceso, por sus estudios, a las mayores fuentes de sabiduría que creó la humanidad en su ya larga evolución de 50.000 años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Y de qué se trata la perfección? Nadie vaya a creer que es vestirse bien o ponerse cada día anillos de oro distintos, a cual más sofisticado. Buda y Jesucristo nos indicaron muy claramente qué es la perfección. Basta con estudiar profundamente sus enseñanzas, y perseverar cada día en practicarlas con mayor eficiencia. Lo cual no es nada fácil, pero creo que sí es posible, al menos acercarse a ella, como muchos grandes sabios lo han demostrado, en estos últimos 2.000 años.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Es cierto que para escribir primero hay que vivir?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Blaise Cendrars dice eso. También me di cuenta que al leer libros de personas que habían tenido una vida muy intensa, o practicaban estrictamente aquellas ciencias o disciplinas de las que escribían, eran mucho más convincentes e interesantes de leer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Personalmente desde niño siempre quise tener una vida tranquila. Ser un buen pequeño burgués, con una casita modesta pero linda, vivir rodeado de mi familia. Cruelmente me persiguió la fatalidad desde la infancia. Gran parte de mi vida transcurrió bajo tormentas políticas, sentimentales o sociales. La muerte, que desde niño me provocaba un dolor insoportable, una y otra vez me burló, fagocitando a seres muy queridos. Algunas veces me quejé, interiormente, de tal destino. Pero ahora no: con el amor y el arrepentimiento, el esfuerzo por tratar de ser cada día un poquito mejor, las cosas, dentro de mí, fueron armonizándose. Y&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; al pasar los años logré entrar en una etapa de constante tranquilidad y paz. Al presente periodo intenté reflejarlo en un libro, parecido a un diario, que se llama &lt;i&gt;Fulgor de los damascos&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;En literatura, no hay cosa que más me guste que inventar un argumento metafísico, imposible, y convertirlo a través de palabras engarzadas, en algo convincente, real. Como esa vez, en 1986, que El Liberal publicó un cuento, El Malamor, y alguien a quien no conocía llamó por teléfono para que &quot;le diéramos más datos&quot;, pues creía que se trataba de una historia real. Guillermo Abregú, que por ese entonces estaba a cargo de la sección Cultura, me lo pasó. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&quot;No, doctor&quot;, le dije por teléfono (era un médico, Anelli)... &quot;esa historia es totalmente inventada&quot;.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Usted ha escrito novelas, cuentos, ensayos, poesías, artículos periodísticos. En cuál de estos rubros se siente más cómodo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Me gusta escribir cuentos. No muy largos, ni demasiado cortos. Y como les decía, cuando más totalmente imaginarios son, mejor. Siento una satisfacción especial cuando los releo, luego de haberlos corregido, pasado en limpio y dejado descansar, al menos una semana, al considerarlos terminados.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;También ha publicado algunas revistas y colaboró en otras. Cuál le parece que fue la más importante, qué significó en su vida y cómo cree que influyó esa revista en Santiago.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Para mí la revista más importante que hicimos, con Juan Manuel Aragón (h), es Quipu. Después hice otras con sentido algo utilitario, como La Razón del Consumidor, o espiritual, como Arcos. También me marcó el trabajo en revistas de Córdoba, durante mi juventud, como Patria Nueva o Posición, donde alcanzábamos una excelencia técnica por entonces difícil de lograr aquí. Pero Quipu de Cultura fue la publicación justa, en el momento justo, y los contenidos justos que debíamos dar a conocer en aquel periodo histórico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Seguramente ha influido en varios lectores santiagueños, eso se va viendo en un periodo largo de tiempo. La mayor influencia que suele darse es que esos lectores modifiquen sus vidas, para bien, y también que reproduzcan, apropiándoselos, aquellos contenidos, para transformarlos en nuevas obras de arte o pensamientos acrecentadores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Debemos tener en cuenta, también, que Quipu se vendía sólo parcialmente aquí. De quinientos ejemplares, aquí se vendían más o menos la mitad. El resto iba a otras provincias, principalmente Córdoba. Allí teníamos una corresponsal extraordinaria, Ivana Alochis, joven escritora y profesora universitaria, que llegó a vender, ella sola, unos doscientos ejemplares.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Hablo reiteradamente de &quot;vender&quot;, pues no teníamos un centavo de capital, y encima nuestros ingresos personales eran bastante magros. Así que cada número de Quipu se hacía con el dinero obtenido por las ventas del anterior. Si no se vendía un número, el número siguiente no salía. Así de simple.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Y Quipu dejó de salir porque a mí me contrataron en El Liberal, para que hiciera el suplemento de Cultura, y Juan comenzó a trabajar en el Nuevo Diario. Entonces ya no nos quedaba tiempo para seguirla haciendo como queríamos, con un muy buen nivel. Sin embargo, no nos lamentamos: &quot;cada cosa suele tener su tiempo bajo el sol&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Qué significó en mi vida? Un momento de crecimiento espiritual. Recuerdo que una tarde, releyendo un Editorial, me di cuenta de lo que constituía el verdadero poder. Me di cuenta de que el poder no lo controlan quienes tienen grandes capitales, edificios, instalaciones o armas. El poder lo manejan quienes son capaces de controlar su interior. El Universo es una gran dínamo, una fuente inagotable de energía. El nodo desde donde se conectan los entes, de todo tipo, con ese centro de poder universal está en el interior de cada ser.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt; Comprender eso, modificó sustancialmente mi vida. Y ocurrió como parte del proceso para las ediciones de Quipu.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Qué está escribiendo en estos momentos.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Ahora, además de numerosos artículos que siempre escribo para medios en Internet, estoy pasando en limpio una novela que escribí de un tirón entre la primavera de 1989 y el verano, tórrido, del 90. Esa novela tendría también una trayectoria tórrida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Luego de escribirla, se la di para pasar en limpio a una especie de amiga que por entonces tenía, quien me cobró demasiado y (como yo no sabía nada de computadoras entonces), no me advirtió que podía guardar el contenido en disquetes. Luego, en tres copias, la mandé (apresuradamente) al concurso de Planeta, que no ganó. Cuando un amigo porteño fue a retirarla, le dijeron que la mitad de las carpetas, inexplicablemente, se habían perdido (eran seis carpetones voluminosos, que había hecho encuadernar en El Liberal).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Cuando más tarde tuve una imprenta, encomendé a uno de los empleados que tipeara nuevamente la novela. Pasó tres meses haciendo nada más que eso (y cobrando un sueldo para hacerlo), pero lo hizo mal. La copia final quedó llena de errores, ortográficos y de tipeado, lo cual me deprimió bastante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Entonces ocurrió algo en mi vida personal que me fastidió mucho, y para no descargar mi ira sobre nadie, en un arranque de amargura tomé todos los originales (cuatro cuadernos grandes que había escrito a mano) y todas las copias de la novela y los corté en varios pedacitos con la guillotina de la imprenta, tirándolos luego a un gran tacho de basura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Varios días después, cuando ya me había pasado la furia pero quedaba algo de amargor subyacente, como una borra en mi alma, descubrí un paquete extraño arriba de unos estantes, que me llamó la atención. Al bajarlo y abrirlo vi que habia quedado allí... ¡una copia de la novela! La peor, la más llena de tachones y errores, impresa en hojas de descarte, alguna con manchas de tinta o impresiones que no tenían nada que ver al otro lado de las páginas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Por fortuna estaba visitándome en la imprenta en ese momento una amiga entrañable, Tamara Sperat, a quien conté la historia, pues delante de ella había desarmado el paquete. Entonces me dijo, &quot;no hagas nada ahora... dámela, yo te la voy a guardar, hasta que estés bien y decidas sin presiones qué vas a hacer... de paso, la leo&quot;. Estuvo cerca de un año en su casa. Y cuando ella decidió trasladarse a otra provincia, tuve que ir a retirarla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Estuvo allí en una bolsa de plástico, bajo otros paquetes, durante algunos años. Pero cuando empecé a tipearla de nuevo, y por lo tanto leerla, me di cuenta de que es algo muy importante en mi vida dejar bien corregida y terminada esta novela. Por eso es que ahora me puse, con todo ahínco, a tipearla completamente otra vez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Y se sabe que pasar en limpio para un escritor nunca es sólo eso. En el proceso de transcripción agrego capítulos, mejoro otros, quito lo que ahora, algo más maduro espero, se me presenta como superfluo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Se llama &lt;i&gt;El alma en cada abrazo.&lt;/i&gt; Es una historia de amor de los 70.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;La lectura, según algunos, es un hábito que se va perdiendo. ¿Es importante rescatarlo?, ¿por qué?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Esta alarma por el supuesto decrecimiento de la lectura yo nunca lo compartí. Desde sus inicios, hacia fines de los 70. Desde aquél tiempo es que se machaca con que &quot;cada vez se lee menos&quot;, que &quot;los niños son cada vez más analfabetos&quot;, y se toma la tarea de &quot;promover la lectura&quot; como una sagrada misión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Yo creo que siempre, desde la aparición del libro, la gente común leyó poco. O leyó obras de escasa trascendencia, como los millones de folletines que se difundían en Francia hacia finales del siglo XIX. Hay que tener en cuenta que en ese entonces los libros -explotados por los capitalistas como una industria editorial-, ocupaban en la existencia de las personas el sitio que hoy está llenando el televisor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;No me parece tampoco una &quot;sagrada misión&quot; meterle medio a la fuerza a la gente la &quot;obligación moral&quot; de leer, son pena de ser estigmatizado de otro modo como un oscurantista regresivo. Esto en parte porque veo que muchos de quienes se ocupan de estas campañas de promoción hacen su negocio de ello, obteniendo buenos salarios, viáticos y otros beneficios que estarían ausentes de sus vidas sin dicho &quot;apostolado&quot;. Y también, por cierto, la que más se benefician, que son las gigantescas empresas editoriales que necesitan imperiosamente, no tanto que lean, sino que compren sus productos -es decir, los libros.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Es que la lectura siempre tiene algo de trabajo, de tarea, nunca es un &quot;placer&quot; completo. Al leer un libro, después de cien o doscientas páginas te arden los ojos, el cuerpo se te acalambra, si lees muchos libros llega un momento en que comienza a molestarte la columna.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Sucede que, como escuchar música clásica, o desentrañar la física cuántica, leer es una de las actividades que mayores beneficios trae a los seres humanos. Leer es la mejor actividad para ejercitar el pensamiento, y se aprende a pensar sistemáticamente, precisamente, leyendo. Entonces, así como para todo ser humano la gimnasia debería ser algo imprescindible, también leer lo debería, pues como digo el pensar es como mover los músculos. Si no los ejercitas -a los músculos- o se atrofian o se deforman.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Pero bueno. Así como hay tantos obesos en Santiago, porque no tienen la voluntad suficiente para comer solamente lo necesario y mantener una dieta sana, así también hay personas que tienen la mente deforme porque no son capaces de leer más allá de alguna que otra noticia social en el diario. Y por eso los rectores de sus pensamientos son personajes tan tristes como Maradona, Tinelli o Mirtha Legrand.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Sin embargo, aquellos que ejercitan sistemáticamente su pensamiento a través de la lectura, lo seguirán haciendo, desaparezcan o no los libros, los diarios y cualquier otra página impresa. Seguirán leyendo en las computadoras, en holografías, o comoquiera que se presenten los textos mediante el desarrollo de nuevas tecnologías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;El papiro, o los rollos de corteza, que atesoraban los conocimientos, por ejemplo en la Biblioteca de Alejandría, y eran tan importantes para el mundo antiguo, desaparecieron, y no por eso las siguientes generaciones quedaron sin lectores. &lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;¿Qué le diría a quien se inicia como escritor?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;MsoPlainText&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: 11pt; font-family: 'Times New Roman'&quot;&gt;Es una linda profesión. Sólo que tienes que trabajar el doble. Tienes que trabajar -si quieres dejar escrito algo de verdadera importancia- en construir primero tus conocimientos, luego tu vida interior, por fin tu lenguaje, para escribir tus libros. Y tienes que trabajar en cualquier cosa, a veces hasta barriendo calles, si no queda otra, para obtener algún recurso económico (si quieres tener familia). Pues aunque la humanidad se ha beneficiado y ha obtenido sus avances espirituales casi exclusivamente por causa de los conceptos que han transmitido los escritores, nadie le paga a alguien para que sea solamente escritor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
                </description>
                            </item>
                        <item>
                <guid isPermaLink="true">http://fulgor.blogspirit.com/archive/2008/01/09/ser.html</guid>
                <title>SER</title>
                <link>http://fulgor.blogspirit.com/archive/2008/01/09/ser.html</link>
                <author>noreply@blogspirit.com (Julio Carreras (h))</author>
                                                <category>Blog</category>
                                                <pubDate>Wed, 09 Jan 2008 11:15:00 -0300</pubDate>
                <description>
                    &lt;p&gt;&lt;b&gt;Nota:&lt;/b&gt; &lt;i&gt;en los anteojos de la&lt;/i&gt; Clary &lt;i&gt;se ve el 1º Recital de SER&lt;/i&gt; (2ª Foto). &lt;i&gt;El que está en la primera foto soy yo, apenas algunos meses antes de los acontecimientos que narro.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Otoño es la estación más hermosa en Santiago. Comenzando la década de los 70, la Libertad desde la Moreno bordeaba la antigua estación del Ferrocarril Belgrano y sus árboles, fragantes y frondosos, eran tan antiguos como los mismos rieles. Cerca de las doce y media estábamos terminando nuestra conversación con Guillermo Bravo, bajo una providencial cornisa en la esquina de 12 de Octubre, frente a la comisaría cuarta. Eso porque lloviznaba. Cuando bajando desde las vías, por la vereda, vimos aparecer a Lali Alcorta. Era un joven buenmozo, de modos sencillos y cordiales, pero llamaba mucho la atención porque en un tiempo en que esto era raro, llevaba los cabellos largos, casi hasta la altura de los hombros.&lt;br /&gt; Así comenzó para mí la historia del Grupo SER.&lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/00/754353c5e99eb04378081ce4695f7fcb.jpg&quot; id=&quot;media-114339&quot; title=&quot;julio&quot; alt=&quot;754353c5e99eb04378081ce4695f7fcb.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-114339&quot; /&gt;Ahora pienso que hubiera sido interesante poner cuatro personas a las cinco de la mañana, hora en que llegaba el tren, en las esquinas de la Moreno, Pedro León Gallo, Rivadavia y Francisco de Aguirre. Las que tomando como centro la Estación del Ferrocarril formaban exactamente una cruz. Para después pedirles una descripción del fenómeno y sus sensaciones ante él. Seguramente escucharíamos historias diferentes (que coincidirían en cuestiones generales, pero posiblemente con importantes disidencias).&lt;br /&gt; Algo así ocurrió con el Grupo SER. Desde su paulatina disolución -que comenzaría por motivos políticos, antes de finalizar el 72-, hasta hoy se discuten muchos detalles, se cuentan y se recuentan datos sobre aquél o este episodio.&lt;br /&gt; Yo soy una de esas personas que vio llegar el tren. Narraré aquí sólo una de tales experiencias.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;b&gt;La ropa del Ché&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Juan Navarro dice que yo iba caminando por las vías del ferrocarril, como a las tres de la tarde, bajo la llovizna y él, que iba en sentido contrario por la calle lateral, en bicicleta, me invitó a la zappada.* Y es cierto. Pero también es cierto que Lali Alcorta, ese mismo mediodía en que nos encontrara en la esquina de 12 de Octubre y Libertad conversando con Guillermo Bravo, ya lo había hecho. Así que había ido a mi casa, sobre la Libertad pasando la Aguirre, allí muy cerca, para almorzar junto a mi abuelo y mi abuela, con quienes vivía y enseguida, sin apenas echar una leve siestita, regresé.&lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/01/78ad12657d02134f6c96bffa881a9efe.jpg&quot; id=&quot;media-114342&quot; title=&quot;clary&quot; alt=&quot;78ad12657d02134f6c96bffa881a9efe.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-114342&quot; /&gt; Por ese tiempo yo usaba borceguíes y al caminar por sobre las elevadas vías entre las piedrecillas y bajo la llovizna me felicitaba de encontrar una ocasión para probar su resistencia. También vaqueros viejos y camisa de Grafa. El pelo me había crecido bastante y no me lo peinaba. La barba, incipiente, sombreaba mi mejilla aún con rasgos de adolescente. Por qué iba así. Porque con frecuencia me imaginaba ser el Ché Guevara. Y en vez de caminar por unas antiguas vías de mi bucólico barrio en Santiago, caminar por entre los guijarros en los áridos montes de Bolivia, buscando un senderito para huir de los esbirros del régimen proimperialista.&lt;br /&gt; Poco antes -apenas dos o tres meses atrás- había sido un &quot;pendejo concheto&quot;, con negocio propio y auto en un medio donde aún no había demasiadas personas que contasen con un vehículo propio. Por cierto el auto era de mi padre y el negocio mismo jamás hubiese existido sin su apoyo económico. Pero éstos eran aspectos que no podían percibirse desde el exterior. Para los chicos y chicas que me veían yo era un joven agraciado, elegante al estilo de fines de los '60 (buenas remeras, pantalones de hilo, mocasines de cuero crudo, etcétera) y siempre con bastante dinero en el bolsillo.&lt;br /&gt; Violentamente comencé a aparecer con la indumentaria &quot;del Ché Guevara&quot;. Por si esto fuese poco, cerré el negocio. No era de revolucionarios sacar partido de las necesidades de sus hermanos. El tema era que, pese a estar lleno de intenciones combativas y sociedades fraternas en la imaginación, aún no había encontrado ningún partido en el que ingresar. Y en eso andaba. Por ello mi conversación con Guillermo Bravo, en la esquina donde nos encontró Lali Alcorta: Guillermo, dirigente máximo de la Juventud Socialista, estaba poco a poco persuadiéndome para que me afiliase al Partido Socialista Popular.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;* Zappada. En aquél tiempo se usaba tal designación para un encuentro entre músicos, libre, en el cual cada quien aportaba sus instrumentos y conocimientos musicales para improvisar en conjunto. La palabra había nacido por los proverbiales encuentros en el departamento de Frank Zappa, músico underground estadounidense, conocido entonces solamente por los iniciados.&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;La zappada&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Al entrar en la casa de Lali -donde se hacía la zappada-, me sorprendí. En el patio, bajo un galpón, se había formado ya un impresionante grupo. A los primeros que discerní fue a Mario Abraham (a quien le decíamos &quot;El Gordo&quot;), Ricardo &quot;el Petizo&quot; Santillán, Lucky Gómez, Tito Galván. Los había visto sobre algún escenario en el pasado, por eso los reconocí enseguida. A Tito lo conocía por haber compartido presentaciones de nuestro conjunto y el suyo en algún club. Había varios muchachos más, y dos tres chicas, a quienes no conocía.&lt;br /&gt; Lo impresionante para mí (como para todo músico), eran los instrumentos. Dos baterías, equipos poderosos para guitarras, bajo, voces... Dos muchachos analizaban el sonido de un gigantesco platillo Zildjian, otros miraban, dándolo vueltas, de un lado u otro, un bajo Fender... En un medio modesto (el cual ni siquiera miré demasiado), se había logrado reunir una cantidad de instrumentos valiosos, como para un megarecital.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Esta impresión se agigantó cuando salí, para escuchar desde lejos...&lt;br /&gt; -¡Suena como Deep Purple!... -les dije asombrado a tres o cuatro con quienes me junté en la vereda.&lt;br /&gt; Era de noche ya. No había parado de lloviznar. Con los cabellos y la ropa humedecida, éramos felices sin embargo. La música envolvía nuestros espíritus y los unificaba. Entonces fue que dije:&lt;br /&gt; -¿Qué les parece si nos juntamos y damos a esto un carácter más permanente?&lt;br /&gt; En realidad la conversación fue más larga. En realidad yo ya iba con la intención de buscar algún tipo de organización con aquellos muchachos de barrio. Después que se fuera Lali, por la mañana, Guillermo me había dicho &quot;a ver si se puede trabajar políticamente con estos chicos&quot;. Y a mí me había interesado la idea. No para unirlos al Partido Socialista Popular, como sugería Guillermo, sino porque había comprendido el valor político de la organización social y andaba buscando precisamente eso: un grupo con el que trabajar.&lt;br /&gt; Había frecuentado la Juventud Peronista, y de vez en cuando iba con la Juventud del PSP -a la cual me acercara un amigo, Guido Picco, estudiante avanzado de Ciencias Económicas. Ninguna me satisfacía por completo. Uno de los factores para esto consistía en que ambas organizaciones &quot;juveniles&quot;, finalmente eran manipuladas por los viejos, que controlaban el Partido. Yo quería una organización de jóvenes y para los jóvenes, trabajando desinteresadamente por un mundo mejor.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; También frecuentamos, con mi novia Clary, los grupos estudiantiles. Ella era estudiante de Ingeniería Forestal, la facultad donde estaban los más combativos y politizados. Pero yo no era estudiante. Tampoco me interesaba demasiado su mundo, ni sus organizaciones, las cuales por otro lado tenían pautas propias y a veces, también, respondían a algún partido político igualmente manejado de afuera...&lt;br /&gt; Así que mis intenciones, al proponer esa noche una reunión organizativa para la siguiente semana, eran políticas, lo confieso. Pero sin ningún objetivo partidario, sino con el único propósito de conformar una agrupación fuerte, de músicos de rock y artistas, que nos permitiera imprimir nuestra huella en la vida social de Santiago. E integrarnos, independientemente, a las luchas revolucionarias en que gran parte de la juventud argentina se empeñaba -a veces, hasta perdiendo la vida- entonces.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;Reunión en lo de Loro&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; La reunión en la casa de Loro (así le decían, amistosamente, a &quot;Lucky&quot; Gómez, de quien se me olvidó su nombre real pues ambos, &quot;Loro&quot; y &quot;Lucky&quot; bastaban), fue muy exitosa. Unos veinte o treinta jóvenes participaron, entre músicos y amigos. Ya esa primera noche, sorpresivamente, se presentaron unos estudiantes de Ingeniería Forestal que se habían enterado del asunto. Después sabría que militaban en el PRT*. También fue Guillermo Bravo.&lt;br /&gt; De entrada supe que iba a convertirme en una especie de líder en el naciente grupo. Nos ubicaron, con Clara (a quien conocieron y empezaron a amar esa noche), en la cabecera de una larga mesa, al fondo. Desde allí dominábamos todo, incluyendo la entrada a la casa que Loro habitaba con sus padres. Clara tenía una personalidad muy luminosa, por su simpatía, que parecía emanar de sus poros, envolviendo a quien la trataba.&lt;br /&gt; Propuse organizarnos como un grupo comunitario, para compartir todo lo que teníamos. Instrumentos, dinero, tiempo, conocimientos. ¿El propósito? Hacer buena música y llevarla a los más humildes. &quot;Buena&quot; para nosotros significaba para nosotros diferente de la música comercial, que por entonces inundaba a la humanidad con melodías pegadizas e insustanciales.&lt;br /&gt; Con Clara habíamos conversado mucho sobre cómo los mejores grupos musicales que visitaran Santiago sólo podían ser vistos y escuchados por sectores de elite en Santiago. Por ejemplo, Arco Iris, de Gustavo Santaolalla, había actuado las dos veces que viniera en el Lawn Tennis. Como agravante a ser este un club para clases altas, sólo un puñadito de &quot;iniciados&quot; de estas clases gustaban un tipo de música como la que por entonces hacía el grupo de Santaolalla.&lt;br /&gt; Entonces, nuestro propósito más fuerte era &quot;llevar la música a sus verdaderos dueños&quot;, los sectores populares. Porque también veíamos, con Clara, que casi todos los grandes músicos, a lo largo de la historia, no surgían de las clases llamadas &quot;altas&quot;, sino precisamente de las clases más humildes. Entonces constituía un verdadero robo el que solamente los adinerados pudiesen gozar finalmente de esos productos elevados de la Cultura, que se habían fraguado durante siglos a veces en el riquísimo cuenco social del pueblo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; * Partido Revolucionario de los Trabajadores. Dirección política del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), una de las dos organizaciones guerrilleras más fuertes por entonces en la Argentina.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;b&gt;Escenario&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;i&gt;Para que se tenga una idea de cómo era Santiago, transcribo aquí textualmente el capítulo introductorio a la novela&lt;/i&gt; El Alma en Cada Abrazo&lt;i&gt;, que escribí hacia fines de los 80 sobre estos mismos temas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; Fotos:&lt;br /&gt; 1. Capilla de las Montoneras. Clara vivía a menos de una cuadra de allí, en el Pasaje Figueroa.&lt;br /&gt; 2. El primer Recital de SER.&lt;br /&gt; &lt;p&gt;&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/02/c530deacc9a80c33ec788236d7cd90fb.jpg&quot; id=&quot;media-114806&quot; title=&quot;santiago estero&quot; alt=&quot;c530deacc9a80c33ec788236d7cd90fb.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-114806&quot; /&gt;Durante el periodo referido aquí (1970-1972), la ciudad de Santiago del Estero está habitada por unas 50.000 familias (algo más de 150.000 personas). De ellas, el 10 por ciento vive en el centro de la ciudad y está conformada por las clases de mayores ingresos. Estas controlan el poder político y social.&lt;br /&gt; El resto habita en diferentes barrios, cada vez más pobres cuanto más lejos del centro han logrado ubicarse. Sólo algunos espacios relativamente alejados, como una franja del Sur de la ciudad, sobre la Avenida Belgrano, o un poco menos, El Zanjón –a unos 15 kilómetros– han sido elegidos por miembros de las clases pudientes para edificar viviendas residenciales o fincas de fin de semana.&lt;br /&gt; En los barrios, el 10 por ciento de su población es muy pobre, el 50 por ciento subsiste mayoritariamente por ingresos provenientes de empleos subalternos en la administración pública y el 30 por ciento restante son empleados de comercio.&lt;br /&gt; Del 10 por ciento dominante, más de la mitad ocupan puestos jerárquicos de la Administración Pública. El resto son comerciantes. Los profesionales universitarios –mayormente médicos, abogados, escribanos y contadores–, superponen su actividad privada con algún cargo en la Administración Pública.&lt;br /&gt; En lo cultural la población ciudadana vive todavía una especie de autismo aldeano, que comienza a ser fisurado, lentamente, por la televisión. Prevalece, sin embargo, una mentalidad medieval, “actualizada” a través de pátinas sucesivas de conservadorismo liberal decimonónico. Un catolicismo en todo semejante al de la España franquista reina, de un modo agobiante y absoluto. En los barrios, predomina completamente el peronismo y su imaginario nacionalista. El folklore y el tango son patrimonio casi exclusivo de los barrios, mientras en el centro se escucha Jazz, Bossa Nova y clásicos, entre los mayores, mientras que los jóvenes bailan con The Beatles, y rock estadounidense o europeo. Los jóvenes de los barrios bailan con Los Iracundos, Palito Ortega, Leonardo Favio, Los Ángeles Negros y grupos locales de cumbia.&lt;br /&gt; El tipo racial predominante oscila entre lo latino y aborigen, constituyendo alrededor de un 95 % de la población. Las características predominantes en hombres y mujeres es un tipo de tez trigueña, cabellos castaños oscuros, ojos marrones, estatura media&amp;nbsp; –promedio en hombres, 1,70, en mujeres 1,60 – de cuerpos esbeltos. Un 2 por ciento se compone de árabes y el 3 por ciento restante se divide entre centroeuropeos, aborígenes más puros, y otras etnias apenas representadas. Por cierto este esquema no alcanza para comprender las numerosas variedades étnicas que habitan la ciudad de Santiago, donde pueden hallarse desde rubios y rubias de cabellos muy claros, con ojos azules, en un extremo del abanico, hasta personas con tez muy oscura y ojos negros. El color es también un indicador social, puesto que los más blancos suelen formar parte de la clase que habita el centro, mientras en los barrios es normal el tono oscuro de la piel. Pero no resulta extraña la presencia de rubios entre las clases más humildes y personas de piel oscura entre los más ricos.&lt;br /&gt; Las clases pudientes se reúnen en dos confiterías céntricas: la Ideal y Siroco,&amp;nbsp; y dos clubes: el Jockey Club y el Lawn Tennis Club. El Club Sirio Libanés, donde también se reúnen bastantes familias del centro, sólo convoca a fiestas abiertas excepcionalmente. Sus instalaciones, bastante lujosas, son frecuentadas normalmente por descendientes de árabes. Apenas un par de años antes entraron en la aceptación social los “boliches” donde, imitando los de otras ciudades más grandes, se baila a media luz. Los que existen en 1971 son cuatro: Help,&amp;nbsp; La Jaula,&amp;nbsp; Safari, Vinicius.&lt;br /&gt; Las clases populares, en cambio, se divierten en clubes de fútbol o básquet, que organizan bailes cada fin de semana en sus instalaciones. Los más importantes de entonces llegan a siete: Red Star BBC, Huaico Hondo BBC, Comercio BBC, Gimnasia y Esgrima BBC, Villa Constantina BBC, Central Córdoba y Mitre. Sin la regularidad de estos, muchas bibliotecas populares o clubes más pequeños organizan también bailes, generalmente contratando conjuntos locales.&lt;br /&gt; Mientras que de los espacios festivos céntricos el único capaz de albergar una concurrencia masiva es el Lawn Tennis, los clubes de barrio han sido pensados para mucha gente: algunos de ellos tienen capacidad para más de mil personas.&lt;br /&gt; Espacios sociales de diversión vigentes durante muchos años, como el Club Bancario o el Parque de Grandes Espectáculos han caído recientemente en desuso. El Río Dulce Grill, gigantesca pista de baile con un monumental escenario, construida casi encima del río por un empresario hotelero, fue pionera en el intento de generar un espacio abierto para los barrios en las cercanías del centro. Tuvo una vigencia relativa entre 1965 y 1970, más o menos.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Existe una férrea delimitación clasista de los espacios públicos: el centro –salvo la zona del Mercado Armonía–, constituye el dominio exclusivo de las clases pudientes, que se manejan allí a sus anchas. Raramente los miembros de familias barriales se aventuran en el centro de la ciudad, salvo para algún trámite administrativo o alguna compra especial. Recíprocamente, resulta muy extraño ver a alguien de las clases altas visitando los barrios. Hay jóvenes del centro –especialmente las mujeres– que jamás han pisado las calles absolutamente de ningún barrio de la ciudad. Muchos de ellos conocen Buenos Aires y Mar del Plata. Algunos viajan allí habitualmente o en sus vacaciones.&lt;br /&gt; Los jóvenes del centro que estudian carreras universitarias lo hacen en Córdoba o Tucumán. En Santiago se ha abierto sólo una universidad católica, a fines de los 60, pero ofrece muy pocas carreras. La Facultad de Ingeniería Forestal, de creación reciente, es una especie de delegación del Estado nacional, y su estudiantado, que pronto se convertiría en un importante factor de cambio ideológico, proviene en un gran porcentaje de otras provincias argentinas. Pocos jóvenes de los barrios estudian carreras universitarias. De entre ellos, quienes pueden costearse los aranceles se inscriben en la Universidad Católica. También Ingeniería Forestal capta, a inicios de los 70, algunos estudiantes de estos sectores.&lt;br /&gt; La arquitectura del centro de Santiago está dominada por las Iglesias, todas de estilos más o menos góticos. La Catedral es la de mayor tamaño y está al frente de la plaza principal, donde también se levanta el Cabildo, ocupado entonces por la Policía Provincial. Otras grandes capillas son La Merced, San Francisco y Las Franciscanas, Belén, Santo Domingo, y San Roque –esta última la única más o menos alejada de la plaza céntrica, ya que las demás se han levantado todas en un recuadro de no más de 10 cuadras de lado.&lt;br /&gt; Perduran en el centro muchos edificios de los siglos XVIII y XIX, algunos construidos con adobe, de techos altos, anchas galerías y patios espaciosos. En los barrios prevalece, sobre un relativo caos estético, la casa cuadrada, chata, de ladrillos, también con galerías, jardines y a veces muchísimo espacio ocupado por los patios, donde es frecuente hallar árboles gigantescos. Muchas de ellas colindan con pequeñas zonas montuosas. Mientras en el centro todas las calles son pavimentadas –existen todavía algunas pocas con adoquines– en los barrios son de tierra, y sólo pavimentadas algunas avenidas, siempre las que conducen al centro.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/02/b10e27ffd2fc1796a5b69f10f77204b9.jpg&quot; id=&quot;media-119862&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;b10e27ffd2fc1796a5b69f10f77204b9.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-119862&quot; /&gt;&lt;b&gt;Foto&lt;/b&gt;, &lt;i&gt;de izquierda a derecha: Tito Galván, Juan Navarro, Lucky Gómez&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;No hay muchos automóviles en el Santiago de entonces, y casi todos son propiedad de alguna familia céntrica. En los barrios sólo se ven muy pocas camionetas, usadas para repartos, algunos camiones –frecuentemente de propiedad del Estado o empresas, que los dejan en manos de sus choferes–, y algunas motocicletas, aunque tampoco de un modo abundante. El vehículo popular por excelencia es la bicicleta. Todavía algunas familias de barrio poseen pequeños carruajes con sus caballos.&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;La Sáenz Peña era en ese entonces un bulevar. Frente a la casa de Loro había pues un espacio arbolado, con bancos y canteros de ladrillo henchidos de flores, que dividía la ancha avenida en dos manos. Todo esto nos han quitado los idiotas que han gobernado la provincia de Santiago en los últimos 40 años. Ahora allí queda sólo una anchísima franja de cemento, con olor a podrido, pues han tapado la acequia de la Colón y una ancha cloaca que corría por debajo del bulevar. Casi no quedan árboles, miles de vehículos de todo tipo rugen constantemente y en días de calor este sector se convierte en un verdadero infierno. Igual tarea han efectuado los gobernantes idiotas -civiles o militares- con la acequia de la Belgrano.&lt;br /&gt; En el tiempo en que se formaba el Grupo SER todavía existían estas hermosas avenidas pletóricas de jardines y árboles. En la misma esquina donde se juntaban la Belgrano y la Sáenz Peña había un gran kiosco, construido sobre un puente en la acequia, donde los jóvenes íbamos a comer lomitos o desayunar luego de las fiestas al amanecer.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;Preparando el Recital&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/00/65d6f446ca4410fe2cc34d0d4315a9e6.jpg&quot; id=&quot;media-114856&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;65d6f446ca4410fe2cc34d0d4315a9e6.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-114856&quot; /&gt;En la casa de Loro, la primera noche, se decidió organizar un Recital de Música Contemporánea. Esto se haría por primera vez en Santiago. Fieles a nuestra propuesta de hacerlo en un lugar adonde tuvieran acceso los sectores más humildes de la sociedad, se decidió también solicitar en préstamo el local de la biblioteca Francisco de Aguirre, en Villa Constantina. Muy cerca de allí había nacido prácticamente, SER, pues en la casa de Lali Alcorta, a una cuadra y media, se había hecho la primera zappada.&lt;br /&gt; De entrada se destacaron nítidamente los músicos profesionales: Tito Galván, Lucky Gómez, &quot;German&quot; Ledesma, Mario Abraham. Acostumbrados a la disciplina de los ensayos y las actuaciones a horario, comprendieron el valor de la organización enseguida. Ellos serían también quienes iban a aportar casi todos los instrumentos.&lt;br /&gt; Había otro grupo -los de músicos más bien vocacionales pero sin práctica en escenarios-, que tampoco habían podido adquirir instrumentos. La mayor parte de ellos eran a quienes llamaban &quot;los hippies&quot;, pues llevaban el pelo muy largo y en general adherían a las doctrinas pacifistas de esa corriente norteamericana.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Se decidió también hacer una revista, para difundir nuestras ideas. Por de pronto, se harían volantes. Designados para hacer los trámites y conseguir la biblioteca para el Recital: Clary y Julio. Designados para para hacer la revista: Clary y Julio. Designados para redactar, diseñar, diagramar e imprimir los volantes: Clary y Julio. Como se ve, una gran responsabilidad había recaído sobre la parejita.&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/02/6beda4cd92a1873c4ed3fc05c21a62cc.jpg&quot; id=&quot;media-114855&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;6beda4cd92a1873c4ed3fc05c21a62cc.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 0pt 1.4em 0.7em; float: right&quot; name=&quot;media-114855&quot; /&gt;&lt;br /&gt; En parte por esto es que Julio decidió no tocar en ningún grupo. Pese a que tenía dos guitarras eléctricas (que en este tráfago perdería), las puso a disposición del grupo, mas él mismo no tocaría. Atravesaba ese período imbuido por una especie de fervor místico revolucionario. Su modelo era entonces -y lo sigue siendo hoy- la primitiva comunidad cristiana, por ello cuando hubo que proponer un símbolo que representara a SER, él enseguida dibujó un pez. El ICHTUS, con el que los primeros cristianos se identificaban entre sí, en las catacumbas, durante la época de la cruel persecución romana.&lt;br /&gt; Pero a decir verdad, se trató sólo de una sabia división de tareas, pues cada quien se ocuparía de lo que manejaba mejor. Así, los músicos deberían organizarse en grupos, por afinidades, y ensayar a presión para llegar con los suficientes temas para el Recital, que deseaban hacer en invierno, en julio a más tardar. Era una tarea para la que debían poner gran empeño, pues los profesionales tocaban en grupos donde se hacía desde cumbia a ese rock pasatista como el de Los Iracundos. Y lo que se iba a ensayar era Almendra, Manal, La Cofradía de la Flor Solar, Alma y Vida, Vox Dei, Aquelarre... como máxima concesión Pedro y Pablo, el dúo de Cantilo, que se proponían tomar de modelo Cacho Galván y Severo.&lt;br /&gt; En realidad, se trataba de algo más difícil aún, pues los mencionados grupos argentinos se tomaban sólo como referencia (como también Jimi Hendrix o Crosby, Stills, Nash &amp;amp; Young). El desafío era hacer nuestros propios temas, con letras propias dirigidas a los más humildes en Santiago del Estero.&lt;br /&gt; Y fue lo que se presentaría más tarde en el Recital.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;Un aniversario del cordobazo&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;Los sucesos anteriores transcurrieron durante el mes de abril de 1972. Para el 29 de Mayo de ese año, las organizaciones estudiantiles habían convocado a una gran manifestación conmemorativa del Tercer Aniversario del Cordobazo. Se defenderían, además, varias consignas: contra la dictadura militar (que ya llevaba cinco años sobre la Argentina), por la libertad para elegir Centros de Estudiantes, por la Universidad Nacional, contra los altísimos aranceles de la Universidad Católica.&lt;br /&gt; La Universidad Católica, controlada por un pequeño grupo de la Democracia Cristiana, imponía sus intereses a la sociedad, impidiendo que se estableciera aquí una delegación de la Universidad Nacional. Esto era fácil para el grupo de poder, pues gobernaba la provincia Carlos Jensen, un abogado representante de la Democracia Cristiana.&lt;br /&gt; Una pequeña grieta parecía abierta con la reciente instalación de la Facultad de Ingeniería Forestal, no como parte de la Universidad Católica sino como embrión de la futura UNSE. Pero aún esta era controlada por &quot;Maquinita&quot; Ledesma, un democristiano &quot;de la primera hora&quot;. Tal vez algo ecléctico, pues le había salido un hijo peronista-montonero y otro del ERP. El segundo pronto moriría durante un enfrentamiento armado contra el Ejército Antinacional en Tucumán.&lt;br /&gt; El mismo Juan Carlos Onganía, fundador de la dictadura militar, era cursillista, es decir, un cofrade nacional de la camarilla que gobernaba Santiago. Por si todo esto fuera poco, otros miembros de la Democracia Cristiana eran propietarios de El Liberal -único y secular diario de la provincia-, Canal 7 (el único medio televisivo) y LV11 (la única radio). El anillo de poder estaba entonces cerrado, de un modo férreo y hermético. Santiago era un feudo militar democristiano.&lt;br /&gt; Pese a todo, se había ido conformando un fuerte movimiento estudiantil, cuyos principales animadores eran estudiantes de Ingeniería Forestal, muchos de ellos de otras provincias argentinas. Pero también &quot;La Católica&quot; había parido notables líderes estudiantiles, como Coli Bader, dirigente estudiantil de la Facultad de Ciencias Sociales.&lt;br /&gt; Niño mimado de los mismos democristianos al principio, que lo hicieron destacado periodista en Canal 7 aún sin cumplir los 21 años, Coli rompió con valentía esos vínculos, optando por la militancia contra el poder. Hijo de alemanes, era rubio, alto, elocuente y buen mozo, cosa que seguramente influyó mucho en los propietarios de la TV santiagueña, a la hora de intentar cooptarlo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Esa tarde tibia de mediados de otoño unos 700 estudiantes habían tomado prácticamente la plaza Libertad, principal en Santiago. Era una cantidad inusitada, teniendo en cuenta que la totalidad de alumnos universitarios tal vez no alcanzace entonces el número de 3.000. Pero debieron dispersarse. La policía había embestido con bastones de goma y lanzando gases lacrimógenos.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Pero el altísimo grado de organización existente entre los estudiantes santiagueños había previsto esa posibilidad. Entonces se habían formado comandos, que coordinaba una mesa de todas los agrupaciones estudiantiles, fijando postas de recambio para reconcentrarse una y otra vez, continuando con los actos.&lt;br /&gt; Así, jóvenes, parejitas o pequeños grupos que simulaban ser inocentes paseantes, iban rápidamente en autos y motocicletas, o a pie, al encuentro de los grupos que se dispersaban, avisándoles de los nuevos lugares para el encuentro.&lt;br /&gt; De la plaza Libertad se pasó al Pasaje Diego de Rojas, ancho espacio que ofrecía múltiples vías de escape, y ante un nuevo avance policial, la placita San Martín. Esta, frente a la Casa de Gobierno, era un lugar clave porque además, a su costado se levantaba el Convento de Belén. Esta casa religiosa era, además de Colegio Secundario para las clases altas, sede nocturna de la Facultad de Ciencias Económicas. Y se consideraba un conflicto emblemático el que llevaba adelante el semiclandestino Centro de Estudiantes de Económicas con la dirección democristiana de la Universidad. Así que uno de los propósitos de máxima, formulados por los activistas, era tomar la Facultad de Ciencias Económicas, un hecho sin precedentes en Santiago.&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/01/00/66371dbf6c3144212e59b7b9898e39f9.jpg&quot; id=&quot;media-114927&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;66371dbf6c3144212e59b7b9898e39f9.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-114927&quot; /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Efectivamente, ante un nuevo embate policial, cubiertos de gases lacrimógenos y resistiendo tras barricadas que habían montado hasta cortar la calle Jujuy entre Belgrano y Juárez Celman, los estudiantes lograron convencer a las monjas para que abriesen las gigantescas puertas de roble en el costado del Convento. Una marea humana atravesó entonces ese portal, que se volvió a cerrar albergando dentro una asamblea estudiantil fervorosa y triunfal.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Coli Bader, que actuaba como coordinador de los oradores, cedió entonces la palabra a Julio, quien habló en nombre de SER para adherirse a la toma de la facultad, la conmemoración del Cordobazo y el repudio a la dictadura militar. Pero no sólo eso, sino propuso buscar el apoyo obrero y popular, afirmando que era la única manera de dar continuidad a este primer éxito.&lt;br /&gt; Por asamblea fue facultado, junto a &quot;Kike&quot;, un militante del PRT, para ir a la sede del Partido Socialista Popular, donde se reunían sus delegados del interior. Otros estudiantes fueron designados para hablar con los delegados de la CGT, también esa noche en asamblea.&lt;br /&gt; Eludiendo los controles policiales, los dos equipos cumplieron eficazmente con su misión. Pero ambos fracasaron: las ancianas burocracias del Partido Socialista Popular y de la CGT, escandalizadas por lo que hacían los jóvenes, rechazaron en absoluto siquiera emitir una sencilla nota de adhesión para difundir por los medios.&lt;br /&gt; Esa noche, Julio y Clary no sólo se quedaron a tomar la facultad de Ciencias Económicas, sino que provistos con aerosol se ocuparon de llenar las paredes interiores del Convento con pintadas de SER y su pez cristiano (al cual nadie interpretó como tal). El Liberal publicaría al día siguiente: &quot;una nueva agrupación subversiva ha aparecido en Santiago: se denomina SER, y las &lt;i&gt;fuerzas de seguridad&lt;/i&gt; no conocen muy claramente su origen&quot;.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Por solicitud del rector de la Universidad Católica y el gobernador Jensen, ambos &quot;cristianos&quot;, fuerzas militares rodearon completamente la manzana donde se levantaba el Convento de Nuestra Señora de Belén. Desde sus altos techos, a la madrugada, Julio y Clara vieron las sombras de los soldados, ocupando toda la plaza San Martín, echados tras los morteros y ametralladoras pesadas con los que apuntaban al Convento.&lt;br /&gt; Finalmente, cerca de las seis de la mañana, se pactó el fin de la toma, con la condición de que no se maltrataría a los jóvenes ni se los encarcelaría. Jensen y Cerro, acompañados por el jefe de la guarnición militar, un coronel, prometieron que sólo se los llevaría a la Jefatura Policial &quot;para identificarlos&quot; y luego se los liberaría. Y así se hizo. En grupos de a 10 fueron trasladados en camiones militares o celulares a la jefatura de policía, a la cual los hicieron ingresar por atrás (calle Pellegrini). Allí, en larguísimas filas, tuvieron que esperar a que los policías les entintaran los dedos y consignaran sus datos en una ficha con sus datos. Julio se desocupó cerca del mediodía y lo primero que hizo fue llamar a la casa de Clara, pues los militares habían separado hombres de mujeres. Clara estaba bien.&lt;br /&gt; Pero él tuvo un incidente muy duro con su padre, quien advertido, había quitado los afiches con las figuras de Marx y el Ché Guevara de su habitación. Y la tormenta que Clara vivió con sus padres, asimismo, fue indecible. Ambas familias eran de derecha (la de Clara, liberal, la de Julio, nacionalista).&lt;br /&gt; Pero esto no fue lo peor, ya que estaban acostumbrados y agobiados por estas situaciones, que se repetían casi cotidianamente para ambos jóvenes novios.&lt;br /&gt; Por la tarde, con un diario El Liberal arrugado en las manos, Lali Alcorta recibió con reclamos a Julio cuando fue a visitarlo: &quot;un grupo de miembros de SER estamos muy desconformes con esto&quot;, le dijo Lali a Julio. &quot;Nadie autorizó a que se utilice nuestro nombre en acciones subversivas&quot;.&lt;br /&gt; El grupo que estaba desconforme eran unos ocho o diez:&amp;nbsp; a quienes internamente se denominaba &quot;los hippies&quot;. Uno de los miembros de ese grupo sería quien vendería más tarde la guitarra eléctrica que Julio generosamente le había prestado. Pero mentiría que &quot;unos hippies porteños se la habían robado&quot;. Otro de ellos, no pudiendo soportar tanta deslealtad, le contaría un tiempo después a Julio la verdad. El mismo que vendiera la mejor guitarra de Julio es quien después se esforzaría por conseguir que la historia de SER se contara &quot;a su modo&quot;.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;El recital&lt;/b&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;i&gt;La Foto del volante de&lt;/i&gt; SER &lt;i&gt;anunciando el Recital, que contiene la Declaración del Principios al dorso, nos fue enviada por&lt;/i&gt; Daniel Gerez.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/00/deec406159a232c12dbdef7b0e336cd9.jpg&quot; id=&quot;media-119298&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;deec406159a232c12dbdef7b0e336cd9.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-119298&quot; /&gt;Ese 2 de julio amaneció lluvioso y muy frío. De cualquier modo, todos fueron a la biblioteca Francisco de Aguirre en Villa Constantina, a las 8 de la mañana. Sólo para decidir que postergarían el recital para el próximo domingo. El contratiempo no hizo más que estimularlos: en una campaña que fortalecía la anterior, empapelaron los rincones y las paredes de la ciudad con un afichito en tamaño papel oficio. Tras del rostro perfilado de Jimi Hendrix, el volante manifestaba los fundamentos del Grupo SER: comunidad de bienes, solidaridad, preferencia por los más humildes, Paz, Amor, Libertad. Abajo, habían dibujado el pez.&lt;br /&gt; Dibujado sobre un stencil, el volante había sido impreso subrepticiamente en un mimeógrafo del banco COSCREA, donde trabajaba un hermano de Tito Galván.&lt;br /&gt; Ninguno de los escasos medios locales había publicado la más mínima referencia al recital. Pero aquel domingo 9 de julio de 1972, de hermoso sol, la biblioteca Francisco de Aguirre se llenó completamente de jóvenes que fueron de todos lados a escuchar los conjuntos presentados por el Grupo SER.&lt;br /&gt; Durante todo aquel día, los grupos desfilaron sobre el escenario, haciendo los temas que con tanto esfuerzo habían compuesto y ensayado una y otra vez sacrificando horas de sus noches varias veces por semana, durante aquellos dos meses transcurridos.&lt;br /&gt; Coli Bader hacía de presentador, y entre conjunto y conjunto, leía proclamas revolucionarias. Ana María Amado, una periodista que luego de pasar por la TV local había recalado en el Canal 13 de Buenos Aires, estaba en Santiago y había venido especialmente a ver el recital.&lt;br /&gt; Más tarde, Lito Garay, uno de los miembros más silenciosos de SER, escribiría una crónica que publicaría la revista Pelo, por entonces la principal de Argentina especializada en rock.&lt;br /&gt; Julio había pedido a un amigo un grabador SONY de potencia extraordinaria, para registrar toda la música.&lt;br /&gt; Jorge Castro, quien era ingeniero electrónica y se había perfeccionado en EE.UU., había traído este grabador desde allí.&lt;br /&gt; El Negro Gramajo sacó muchas fotos: creemos que la de Clary y la del grupo sobre el escenario (únicas que tenemos) fueron tomadas por él.&lt;br /&gt; Julio y Clara habían trajinado desde las 6 de la mañana, el primero en la Estanciera de su tío Mariano, la segunda en el Mehari de su padre, trayendo los equipos y a algunos miembros de los conjuntos que vivían lejos.&lt;br /&gt; A las 10 de la mañana, cuando empezó el Recital, bajo un sol esplendoroso, la potencia de los equipos atrajo cada vez a más gente, hasta completar la capacidad de la cancha. Pronto los curiosos, que ya no podían entrar, comenzaron a montarse sobre las pareder linderas, para ver desde allí el espectáculo.&lt;br /&gt; Todos los grupos actuaron de un modo formidable. Fue un maravilloso ejemplo de cómo, cuando se toca por &quot;amor al arte&quot;, el ser humano se vuelve incansable. La música escuchada aquél día fue algo que jamás se había podido gustar de un modo tan completo en Santiago. Desde la Cofradía de la Flor Solar, pasando por Jimi Hendrix, Joan Báez, Aquelarre, los aportes más novedosos de la música de rock se hicieron presentes allí. Se destacaron dos chicas, que cantaban muy bien: Graciela Bravo y Elvira, cuyo apellido no recuerdo, pero por entonces era la novia de Eduardo Cortez.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; SER junto una relativamente importante cantidad de dinero con las entradas, que se vendían a un costo bajísimo, y la venta de gaseosas y choripanes durante todo el día. Estas ganancias serían aplicadas íntegramente a pagar la cantidad fijada por la Comisión de la biblioteca, en concepto de gastos de electricidad, y con el resto se compraría papel y stenciles para imprimir el número 1 de la revista.&lt;br /&gt; Hasta que se fue el sol y avanzó la noche sobre la ciudad, los grupos siguieron actuando sobre el escenario. Algunos improvisando, otros que no estaban programados y pidieron subir.&lt;br /&gt; Habían ido ese día estudiantes universitarios, jóvenes del centro de Santiago y de diferentes barrios. Cansados, felices, con el corazón y la mente llenos de música, se dispersaron al fin, en pequeños grupos, cerca de las once de la noche.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;b&gt;El revoltijo de SER&amp;nbsp;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;/b&gt; Enrique Gavioli era un chico del centro que había integrado los grupos de fans de Los Zombies y conocía a Julio desde entonces. Rubio y de ojos claros, bien parecido, tocaba con seguridad la guitarra eléctrica y cantaba. Él bautizó a su grupo &quot;Claridad&quot;, en homenaje a Clara, de quien todos decían que era &quot;el alma de SER&quot;.&lt;br /&gt; Sin embargo, las acciones del 29 de mayo y otras posteriores, menos espectaculares pero también políticas, inquietaban al grupo de hippies. SER había sido detectado por los grupos estudiantiles y partidos de izquierda como presa potencial, y muchos jóvenes de esa procedencia participaban de sus reuniones con el propósito de captar militantes.&lt;br /&gt; Julio tenía la idea de no adherir como organización a ninguna otra, y con tal propósito determinó la realización de grupos de estudio, cuya función sería estudiar en conjunto, reuniéndose dos o tres veces por semana. Para ello contaban ahora con una casa, que un primo de Lucky, residente en Buenos Aires, había cedido en préstamo.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Pero ocurría que como eran ya demasiados -unos cincuenta, más o menos-, él no podía participar en todas las reuniones. Clara, que participaba de uno de los grupos en que se habían dividido, le contó cierta vez que Eduardo Hisse, al parecer dirigente estudiantil del PRT, había ido a una reunión a proponerles que se adhiriesen a ese partido, brazo político de la guerrilla del ERP.&lt;br /&gt; Hecho una furia, Julio buscó a Hisse, y lo halló frente a su casa, sobre la avenida Irigoyen, cuando este se aprestaba a salir. Es que Hisse no sólo había roto así la intimidad del grupo, sino cuando Clara le dijo que cualquier decisión que tomaran debía ser con el conocimiento de Julio, el militante guerrillero contestó: &quot;tu novio es un pequeño burgués individualista... para él no es esta invitación&quot;.&lt;br /&gt; La discusión con el otro fue durísima y Julio la terminó diciéndole: &quot;veremos quién de los dos va a hacer más por la revolución, vos o yo&quot;.&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/01/2495f201039ab9e5b743d4decb7b7942.jpg&quot; id=&quot;media-115050&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;2495f201039ab9e5b743d4decb7b7942.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 0pt 1.4em 0.7em; float: right&quot; name=&quot;media-115050&quot; /&gt;&lt;br /&gt; Por otra parte, un grupo del Poder Joven, de Silo, se había adherido también a SER y participaban de sus reuniones. Integrado por Eduardo Martinez, Pancho Aragonés, Tomás Favre y otros cuyos nombres no recuerdo, entre ellos una porteña de la cual se decía que era informante de la cana, no sabíamos bien si intentaban captar gente en nuestro grupo o sólo buscaban cobijo en él, por afinidad general.&lt;br /&gt; Un médico, del cual lo único que recuerdo es que llevaba como apellido Tarchini, iba de vez en cuando en representación del Partido Revolucionario Trotskista Posadista. Con su esposa, también médica, ellos contaron que este minúsculo partido, conducido desde Francia por un ex futbolista, exigía a sus militantes donar todo el producto de sus salarios. Luego el comité central determinaba cuánto de esos salarios volvería a cada uno de quienes lo ganaban, analizando &quot;sus necesidades reales&quot;. Este singular partido sostenía que las tareas principales del militante eran tratar de tomar contacto con los extraterrestres y hacer un frente con ellos. Pues -según Posada-, como ellos estaban mucho más evolucionados que nosotros, pues con seguridad ya eran socialistas.&lt;br /&gt; En una de estas reuniones de estudio, cuando Julio decía que no debíamos confundir el concepto de Revolución, pues a veces los militares la habían utilizado para designar sus golpes, Mario Mignani, se despachó con que también en la TV nos confundían cuando a veces usaban esa palabra en frases como &quot;revolución en el lavado&quot;... una propaganda de Jabón Ala.&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;La revista de SER&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Un domingo desde las 8 de la mañana nos encerramos con Tito Galván en el subsuelo del Banco Coscrea para imprimir la revista. Salimos de allí con la cara, las manos y la ropa embadurnados con esa tinta aceitosa, cuando ya sobre la ciudad el cielo se había puesto oscuro. Creo que los dos éramos felices. El hermano de Tito trabajaba en el Banco, y arriesgando su empleo había puesto a disposición de nosotros la llave del local. Por supuesto lo único que usamos fue el mimeógrafo. Lo demás, papel, tinta, broches, dos sanguches de milanesa (que, si no me equivoco&amp;nbsp; había preparado la madre de Tito) y una gaseosa para el almuerzo, lo habíamos traído nosotros. Tuvimos que lavar el mimeógrafo con nafta, dejando todo impecable, por respeto y para que nadie se diera cuenta de que habíamos estado.&lt;br /&gt; Al salir, llevábamos como podíamos, bajo los brazos, cada uno cuatro paquetes, que contenían en total 500 revistas, de 28 páginas cada una. Así, caminando con los paquetes, llegamos hasta la casa de Loro, en la Sáenz Peña y Colón, donde las guardamos.&lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/01/00/1e503bfe921e7f23fefc7ba37737cef8.jpg&quot; id=&quot;media-117135&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;1e503bfe921e7f23fefc7ba37737cef8.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-117135&quot; /&gt;Todo, desde los textos, los dibujos que ilustraban los artículos, el tipeado y grabación de los sténciles, era obra nuestra. Nos habíamos dividido por equipos, dos o tres, los que se animaban a escribir o tipear algo. Así, Chupo (Ramón Orlando Ledesma), con Tito, habían emprendido la historia de Sandino, el antiimperialista nicaragüense, Lucky y Clary la historia del Rock Nacional, creo... y poco más, pues no había demasiados que quisieran, o pudieran, escribir.&lt;br /&gt; Al día siguiente volvimos a organizarnos por equipos para recorrer las escuelas secundarias. Loro, Enrique Gavioli y Tito fueron a la Escuela Normal, me parece; con Chupo y Clary elegimos las escuelas Centenario y Patricias Argentinas (turno tarde). Luego de pedir autorización a las directoras, recorríamos aula por aula estas escuelas, ofreciendo la revista. Primero explicábamos qué era SER (o qué queríamos que fuese). Mientras yo hablaba, Clary iba dejando, banco por banco, un ejemplar de la revista para que la hojearan. Luego, decíamos que solicitábamos 1 peso a los interesados, no en concepto de &quot;venta&quot;, sino sólo para recuperar gastos y poder sacar el número siguiente.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Tuvimos un éxito moderado en ello. Logramos reunir algún dinero. Pero la sombra de la censura, el miedo y la represión se abatía sobre nosotros nuevamente:&lt;br /&gt; -Una señora de mi barrio me ha dicho que esta revista parece hecha por resentidos sociales... -dijo Chupo durante una reunión.&lt;br /&gt; El Negro Gramajo, que casualmente estaba allí, reflexionó:&lt;br /&gt; -Habría que contestarle a la señora que en esta sociedad perversa, el que no se sienta resentido seguro que es un enfermo...&lt;br /&gt; Pedimos dos o tres presupuestos para imprimir el segundo número (por respeto al hermano de Tito, a quien no queríamos volver a arriesgar y porque sin duda lograríamos una edición con más nitidez). El más barato era el de Amoroso. Allí fuimos, pero cuando debíamos retirar la publicación ya lista, no nos alcanzaba el dinero ni para los dos tercios de lo que nos cobraban. El encargado nos solicitó esto: que al menos pagásemos los dos tercios y firmásemos un documento por el resto.&lt;br /&gt; La revista había quedado hermosa. Perfecta, prolija, llevaba, recuerdo, un dibujo de Quino en la tapa, que durante horas había copiado cuidadosamente, con pluma y tinta china para que hicieran el clissé.&lt;br /&gt; Mi abuela materna, que vivía en Brasil, me había hecho un regalo ese fin de año al venir. Un crucifijo de oro y piedras, con cadena también de oro. &quot;Este crucifijo me dejó tu abuelo, al morir...&quot;, había dicho. &quot;...ha permanecido por más de 150 años en manos de los Revainera... te lo doy a vos, porque sos el que más se parece a él&quot;. Era tan pesado, con una cadena tan gruesa, además, que nunca lo usé. Lo tenía guardado por allí, en mi pieza.&lt;br /&gt; En la calle Pellegrini había un localcito donde recibían joyas y otros objetos en empeño. Fuimos con Clara una tarde y lo dejamos, a cambio de más o menos la cantidad que nos faltaba. El tipo nos dio mucho menos de lo que esperaba. Sentí repugnancia e indignación, por la manera en que aquel mercader se aprovechaba de la gente en apuros que concurría allí, ofreciendo precios ridículos a cambio de objetos valisímos como este, que por necesidad uno debía dejar en sus manos.&lt;br /&gt; Hasta el día de hoy siento un poco de angustia y dudas respecto de si actué bien o no. Más para convencerme a mí mismo, pues me sentía violando una herencia sagrada, dije a Clara al salir:&lt;br /&gt; -Un verdadero cristiano, como intentamos ser nosotros, no puede tener semejantes joyas... hay tanta gente que no come, tantos niños que no pueden educarse... debemos hacer algo para cambiar todo esto... la revista que estamos haciendo, vale más que cualquier joya...&lt;br /&gt; La imprenta quedaba apenas a dos cuadras de allí, así que retiramos los paquetes con los 500 ejemplares, los cargamos en el Citröen de Clary y los llevamos otra vez a la casa de Loro.&lt;/p&gt; &lt;div style=&quot;text-align: center&quot;&gt;&lt;b&gt;Grupo Claridad&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/02/f1af62217a55e9c6eb4211be35d9443b.jpg&quot; id=&quot;media-117908&quot; alt=&quot;f1af62217a55e9c6eb4211be35d9443b.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.7em 0pt&quot; name=&quot;media-117908&quot; /&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style=&quot;text-align: center&quot;&gt;Foto:Contra Cultura http://www.metroflog.com/notienesentido&lt;/div&gt; &lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;b&gt;El final de SER&lt;/b&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Con Clara habíamos tenido varias reuniones con jóvenes de Huaico Hondo y la comisión directiva de su club. Acordamos organizar un recital de SER, semejante al de la biblioteca Francisco de Aguirre, para septiembre.&amp;nbsp; Estábamos llegando a agosto ya y el plazo era muy breve. Es cierto que el anterior recital se había preparado también en un lapso corto. Pero cada vez surgían más diferencias y divisiones en SER, en proporción directa con el crecimiento numérico de sus miembros o simpatizantes.&lt;br /&gt; Yo me esforzaba por hacer las mil actividades que me había propuesto; frecuentaba, además de SER, los centros de estudiantes universitarios, la Juventud Peronista, el FIP, en fin, cualquier organización política o social que nos permitiera ampliar nuestra inserción en la efervescencia popular de entonces. Con ese propósito viajamos con mi novia, también, en un colectivo del PSP, a una Asamblea Nacional de la Federación Universitaria Argentina, en Rosario. Clary y yo queríamos un SER independiente, pero politizado. No nos iba a ser posible conseguirlo.&lt;br /&gt; Por una parte, se había ido formando un grupo interno opuesto a toda politización.&lt;br /&gt; Por otra parte, el PRT (dirección del ERP), había captado, sin mi conocimiento, a varios de nuestros mejores cuadros. Poco a poco me había ido dando cuenta, y más tarde uno de ellos me lo dijo claramente.&lt;br /&gt; El 22 de agosto de 1972 mataron a los guerrilleros que no habían podido huir en Trelew. Una de las asesinadas, Ana María Villarreal de Santucho, había sido una dulce maestra de Arte en mi tránsito a la adolescencia desde la niñez. ¿Cómo podían haber matado tan bárbaramente a aquel ángel? Recuerdo que esa mañana lloré mirando sus fotografías, con el diario en las manos. Entonces me dije que había llegado para mí la hora de combatir. Pero no sabía cómo ni donde hacerlo. Los del ERP, habían hablado con mis compañeros de SER para integrarlos, pero no conmigo. Me consideraban &quot;un individualista pequeño burgués&quot;.&lt;br /&gt; Como si todo esto fuera poco, nuestra relación con mi familia y la familia de Clary atravesaba su peor momento.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Fue entonces que decidí llamar a una asamblea de SER y proponer una medida audaz: dotar al nombre, SER, de una denominación explicativa: &quot;Santiago del Estero Revolucionario&quot;. Quería reconstruir la mística, proponiendo nuevos objetivos. Pero fracasé.&lt;br /&gt; Sólo ocho miembros no estuvieron de acuerdo pero la discusión fue intensa y ellos se retiraron para siempre. El resto, sin embargo, no tenía demasiado entusiasmo con llevar adelante un programa de acción. Infiltrados por el PRT, los compañeros captados se guiaban ahora por pautas que les bajaba su organización. Quienes habíamos quedado éramos una mayoría, pero una gran parte pertenecían a partidos u organizaciones externas: PC, PSP, JP, FIP, Poder Joven... SER, prácticamente, se estaba disolviendo...&lt;br /&gt; Entonces postergamos el recital de Huaico Hondo hasta una fecha indefinida.&lt;br /&gt; Las angustias provocadas por todos estos acontecimientos nos llevaron a una ruptura con Clary en octubre. Por entonces, mis nervios estaban tan sobrecargados que una noche, durante una reunión multitudinaria de la Juventud Peronista en Huaico Hondo, entre la música para mí insoportable y la gente que se divertía, sentí que me iba a desvanecer. Entonces empecé a caminar hacia cualquier lado, buscando aire.&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/02/b2d33cdd51bd136bea1bdd9c2db7250a.jpg&quot; id=&quot;media-117167&quot; title=&quot;grupo ser &quot; alt=&quot;b2d33cdd51bd136bea1bdd9c2db7250a.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 0pt 1.4em 0.7em; float: right&quot; name=&quot;media-117167&quot; /&gt; Recuerdo que me metí, con mis alpargatas y mi pantalón de Grafa, entre unos matorrales pues a cada rato debía detenerme debido a las espinas que entraban bajo mi planta o me arañaban la piel. Eran como las 2 de la madrugada, y lo peor es que me perdí, además de que a cada tanto debía aferrarme a algún árbol para no caerme. Estaba atacado, además, por unas náuseas insoportables.&lt;br /&gt; Al día siguiente, apenas me levanté -cerca del mediodía-, tomé el poquito dinero que tenía y me fuí a Tucumán. Allí, con la recomendación de mi hermano, que entonces era seminarista, me aceptaron para hacer un retiro espiritual en el Monasterio de El Siambón.&lt;br /&gt; Cuando regresé había recuperado el control de mí mismo pero nada sería igual.&lt;br /&gt; El peor infierno que atravesé en mi existencia se avecinaba, a galope tendido. Mas eso ya no forma parte de la presente historia.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Esto, es lo más esencial que yo puedo contar de SER. Conozco otras historias, pues el grupo que se abrió logró reconstruirlo, con propósitos exclusivamente musicales, y organizó otros recitales. Pero evito narrarlos, pues temo caer en errores o imprecisiones.&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&lt;/p&gt;
                </description>
                            </item>
                        <item>
                <guid isPermaLink="true">http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/12/15/el-alma.html</guid>
                <title>El alma</title>
                <link>http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/12/15/el-alma.html</link>
                <author>noreply@blogspirit.com (Julio Carreras (h))</author>
                                                <category>Blog</category>
                                                <pubDate>Sat, 15 Dec 2007 11:25:00 -0300</pubDate>
                <description>
                    Mi abuela se llamaba Corina Coria. Tenía 60 años cuando sintió a su nietito Chimbi arrastrase de un modo angustiante sobre sus pies, a la madrugada. Chimbi falleció, esa madrugada, a cientos de kilómetros de distancia.&lt;br /&gt; El día anterior, por la tarde, habíamos estado acomodando algunas prendas en un cajón del ropero donde dormíamos con mi hermano Gustavo. Gustavo debía de tener unos 4 años, yo 7. Mi abuela estaba en el medio. Todos arrodillados ante el cajón, ordenábamos calzoncillos, camisetas, medias, que en ese entonces se hacían de hilo y eran casi todos blancos. Arriba del ropero había un ancho placard, donde habíamos arrumbado el sulkiciclo de mis primeros años y también escondido el cuadro con la foto de Evita. De repente cayó algo: los tres levantamos la cabeza, asustados, y vimos descender una gran forma blanca, como si fuese una sábana. Mi abuela dejó escapar una exclamación de susto, pero al llegar a nosotros la forma se desvaneció. Simplemente pasó por nosotros, nos atravesó, sin que la sintiéramos físicamente, en absoluto y desapareció a ras del suelo.&lt;br /&gt; Como narrábamos al comienzo, aquella madrugada el cuerpito de Chimbi se arrastró durante horas sobre las piernas de mi abuela. &quot;No me dejaba dormir&quot;, contó a la mañana siguiente Corina &quot;parecía que le faltaba el aire&quot;. Una y otra vez se esforzaba por tomarse de sus piernas &quot;como si se ahogara&quot;.&lt;br /&gt; Lo que estaba ocurriendo, esa misma noche, era lo siguiente:&lt;br /&gt; Mi tío Mariano, maestro de campo, estaba solo con su hijito Chimbi, de cuatro años, en una escuelita-rancho muy alejada, donde enseñaba. Desde la tarde su pequeño hijo había sufrido ataques como de asma, perdiendo el conocimiento incluso, por momentos. Esa noche, ya convencido de que no podría sacarlo de la crisis, y con el niño en estado febril, Mariano lo cargó en el sulki y se dirigió hacia la población más cercana, donde había una posta sanitaria. Durante horas viajó por entre medio del monte -una verdadera selva donde los caminos eran apenas estrechos túneles polvorientos entre retamas espinosas y árboles centenarios-. Con desesperación, pues sentía a su hijito sufriendo convulsiones, azuzó todo lo que pudo a los caballos. Pero esa carrera febril no sirvió de nada. A la madrugada, llegó a la posta sanitaria sólo para que la enfermera le confirmase lo que poco antes intuyera, sin animarse a pensarlo. Su hijito Chimbi había muerto.&lt;br /&gt; &amp;nbsp;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Esta historia tremenda nos conmovió para siempre y modificó profundamente la existencia de mi tío Mariano.&amp;nbsp; Dejo por eso un espacio en blanco, para pasar al tema,&amp;nbsp; netamente racional, por el que empecé a escribir mi apunte hoy.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/00/840cf78c7d97fdd2268743c8353fef95.jpg&quot; id=&quot;media-101620&quot; title=&quot;alma ghost&quot; alt=&quot;840cf78c7d97fdd2268743c8353fef95.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-101620&quot; /&gt;¿Qué fue lo que vimos con mi hermano Gustavo y mi abuela aquella tarde, desplomándose sobre nosotros y atravesándonos sin afectarnos? ¿Qué fue la presencia infantil invisible, pero físicamente perceptible, durante gran parte de esa noche, sobre las piernas de mi abuela?&lt;br /&gt; De acuerdo con lo estudiado mucho más tarde, pude determinar que se trataba del &lt;i&gt;alma&lt;/i&gt; de nuestro primito agonizante.&lt;br /&gt; Debo aclarar algo: en la cultura popular santiagueña, era un conocimiento aceptado que el alma humana suele buscar a quienes ama o desea ver, antes de partir definitivamente. Especialmente si en tal momento está atravesando situaciones angustiosas. Como durante una enfermedad destructora, o después de un grave accidente. Nosotros absorbimos desde niños esta convicción, por lo cual mis posteriores estudios sólo aportarían definiciones más técnicas.&lt;br /&gt; De acuerdo con ellas, el alma constituye una parte inasible de los humanos, que sin embargo cumple un papel esencial (sin ella sería imposible la vida).&lt;br /&gt; Lo que nosotros llamamos alma, es llamada por algunas escuelas esotéricas como &quot;Doble Etérico&quot;, o &quot;Cuerpo Vital&quot;. Lo primero por constituir una réplica exacta de nuestra figura, en un plano más sutil que la materia humanamente perceptible. La denominación de Cuerpo Vital, asignada por los rosacruces, es debido a que este &quot;doble&quot; contiene la energía etérica, necesaria para mantener en acción a las células físicas de nuestro cuerpo. Una comparación rústica es posible afirmando que para el cuerpo de una computadora, pues, el alma estaría constituida por la electricidad. El alma humana -muchísimo más compleja y sutil-, constituye entonces un sistema etérico, vital, con numerosas funciones en el organismo: una de ellas, proveerle de energía para mantener su vida, obteniéndola entre otras fuentes de la naturaleza exterior, la luna y el sol.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; La segunda función del alma es registrar toda la información que vamos acumulando durante nuestra actividad cotidiana. De tal manera almacena una historia completa de nuestra existencia, hasta en sus más mínimos detalles.&lt;br /&gt; Una tercera función podría ser la de vehículo eficaz para la &quot;Resurrección de los Muertos&quot; propugnada por el catolicismo. En caso de realizarse el renacimiento etérico de la Humanidad, como aparentemente se sugiere en algunos textos de San Pablo y otros teólogos (los Testigos de Jehová sustentan creencias semejantes), difícilmente este Paraíso Natural podría adquirir un carácter material. Pues la materia física es básicamente limitada, por ello mismo fuente de dolor y en definitiva mortal. Así que la &quot;Resurrección de los Cuerpos&quot;, no sería otra cosa, entonces, que la &quot;Resurrección de las Almas&quot; (entendiendo al alma como Cuerpo Vital, es decir, &lt;i&gt;uno&lt;/i&gt; de nuestros cuerpos, superior desde una perspectiva trascendente al cuerpo físico).&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Según los estudiosos de varios períodos históricos, la función de almacenar los recuerdos, asignada al alma, tiene un sentido preciso. Esta es dotar al Espíritu (verdadero Ser de los humanos) de la experiencia necesaria para ir alcanzando, sucesivamente, los niveles siguientes de su evolución hacia un estadio superior. Este propósito tiene su culminación al finalizar una existencia física: el alma, en el proceso de ascensión del Espíritu hacia planos superiores, le iría transmitiendo, como en una proyección cinematográfica, toda la existencia humana de ese individuo, para poder aprovecharla en próximas etapas de su evolución.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Las figuras de personas que se presentan inesperadamente aunque estén separadas por miles de kilómetros (más sorprendentes hace siglos, cuando los transportes eran sumamente lentos), apariciones fantasmales poco antes de morir, o presencias nocturnas fugaces de seres amados -u odiados-, responderían, según estas consideraciones, a facultades del alma.&lt;br /&gt; Por último una enfermedad morbosa -e inquietante para los humanos-, suele afectar al alma impidiéndole cumplir sus funciones esenciales. Esta es la de caer víctima de pasiones externas, que la compelen a permanecer aferrada a los planos físicos de la materia, a veces durante siglos o milenios.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Según los esoteristas, dichas enfermedades provienen principalmente de vicios corporales, como el alcoholismo, la erotomanía, drogadicción, o desviaciones del carácter, como la criminalidad, adicción a las riquezas, vesanía moral u obsesiones semejantes.&amp;nbsp;&lt;br /&gt; Otras compulsiones pueden provenir de afectos muy intensos, convicciones erróneas o proyectos sin terminar. Ellas suelen ser frecuentes en personas que mueren &quot;antes de tiempo&quot;, por causa de accidentes o dolencias repentinas. Pero estas últimas -una de cuyas variantes fue magníficamente presentada por la película estadounidense Ghost-, tienen por lo general duración breve. Una vez comprendida por parte del alma la situación real, suele continuar con su proceso natural, esto es volar alejándose del mundo físico y colaborando con el Espíritu en el proceso de evolución.&lt;br /&gt; Las otras almas, en cambio, pertenecientes a seres afectos a las drogas o a los placeres exacerbantes, acciones que además ocasionan daños permanentes en otros componentes vitales del organismo humano, padecen consecuencias más extremas.&lt;br /&gt; Ellas suelen quedar, como decíamos, durante siglos o milenios vagando sobre la Tierra, y son las que la cultura popular denomina, sabiamente, &quot;almas en pena&quot;. Suelen ser peligrosas, inclusive, para los humanos, debido a su necesidad de poseer cuerpos para cumplir con sus propósitos, imposibles de llevar a cabo sin una herramienta física.&lt;br /&gt; Muchas de las acciones perversas de los humanos tienen explicación en esta circunstancia: un &quot;alma en pena&quot; ha poseído la razón de individuos débiles.&lt;br /&gt; Por hoy no fatigaré más con estas reflexiones. Espero, por cierto, que puedan ser útiles para alguien.
                </description>
                            </item>
                        <item>
                <guid isPermaLink="true">http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/12/07/el-cartero.html</guid>
                <title>El cartero</title>
                <link>http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/12/07/el-cartero.html</link>
                <author>noreply@blogspirit.com (Julio Carreras (h))</author>
                                                <category>Blog</category>
                                                <pubDate>Fri, 07 Dec 2007 09:15:00 -0300</pubDate>
                <description>
                    &lt;p&gt;A los cuatro años deseaba llegar a mayor sólo para ser cartero. Me habían dicho ya -jocosamente- que no necesitaba estudiar demasiado para ello, lo cual había estimulado mi interés. En aquel tiempo, claro, la Argentina gozaba de una cierta prosperidad. No existían los &quot;servicios privados de mensajería&quot; que hoy nos acosan con sus motocicletas y avisos de vencimientos, amenazas de embargo o publicidad indeseada. Los carteros de los 50 eran sonrientes amigos uniformados, que llegaban en bicicletas con dos espejos retrovisores y adornos, un coqueto baúl de madera en el portaequipaje, donde guardaban su preciosa carga. Que consistía en cartas de los amigos, de familiares viviendo en otras provincias o países, invitaciones, tarjetas de felicitaciones, Navidad, Año Nuevo, lecciones de algún curso a distancia. A veces llegaban paquetes. Mi padre o mi abuelo solían comprar libros, discos u otros objetos por correspondencia. Entonces la felicidad aumentaba -especialmente para nosotros, los niños.&lt;br /&gt; El uniforme del cartero en esos tiempos merece una especial descripción. Gris, imitaba al de los soldados, incluyendo correajes de cuero, que cruzaban el pecho y la espalda para confluir en el grueso cinto, constelados de hebillas. Su gorra era también como la de los soldados, mas no esos feos birretes de trapo que se usan hoy, sino verdaderos prodigios de elegancia, con precinto de cuero, visera lustrosa y un escudo de la República Argentina al frente.&lt;/p&gt; &lt;div style=&quot;text-align: center&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/00/02/db334b1ec0babe1d6459e5f69fbf46e7.jpg&quot; id=&quot;media-96925&quot; title=&quot;cartero&quot; alt=&quot;db334b1ec0babe1d6459e5f69fbf46e7.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.7em 0pt&quot; /&gt;&lt;/div&gt; &lt;p&gt;A lo largo de los años, quizás por habitar una provincia lejana al mar y con poco desarrollo económico, el cartero siguió jugando un papel de importancia para mí. En Santiago del Estero no se conseguían, por ejemplo, ciertos discos que me interesaban. Así, compré a los 14 años, por medio de un cupón que, luego de recortarlo de una revista, debíamos enviar a Buenos Aires, mi primera colección de música. En ese tiempo -1964-, el LP (long play, larga duración), era todavía una gran novedad. Nacido hacia fines de los 50, daba por primera vez la oportunidad de una audición prolongada, sin el fastidio de tener que levantarnos para cambiar el disco cada vez que finalizaba un tema.&lt;br /&gt; Había incorporado, además, notables ventajas, eliminando ruidos y convirtiéndose en un objeto sucesivamente más liviano, fácil de transportar incluso pues podían llevarse, tranquilamente, muchos de ellos en un portafolios o bajo del brazo.&lt;br /&gt; El día que el cartero llegó a mi casa y me entregó el paquete con los discos fue tan emocionante que aún recuerdo los sentimientos que me alegraron el alma. Poniéndolo sobre una mesa, cuidadosamente corté con una trincheta uno a uno los hilos que envolvían la caja de cartón, cubierta a su vez por dos o tres capas de papel astrasa. Mi nombre en el rótulo, la marca con logotipo de la casa comercial que lo remitía, cada detalle me provocaba deliquio. Estaba a punto de iniciar una ceremonia maravillosa.&lt;br /&gt; Con cuidado desprendí aún la tapa lateral para extraer los discos... y aparecieron flamantes, algunos sellados con cubiertas de plástico, 7 discos... siete hermosos longplays, que influyeron desde entonces sobre toda mi vida...&lt;br /&gt; Aún los recuerdo: tres (uno doble) de Ray Charles, uno de Duke Ellington, uno con la selección de &quot;Modart en la Noche&quot; (esta era la empresa que promovía la oferta), uno de Al Caiola, uno de Benny Goodman... por causa de este último, es que insistí como sólo algunos chicos obstinados saben hacerlo para que mi padre me pagara los estudios de clarinete... pero esto ya es otra historia.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
                </description>
                            </item>
                        <item>
                <guid isPermaLink="true">http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/08/02/el-arte-y-las-lágrimas.html</guid>
                <title>El arte y las lágrimas</title>
                <link>http://fulgor.blogspirit.com/archive/2007/08/02/el-arte-y-las-lágrimas.html</link>
                <author>noreply@blogspirit.com (Julio Carreras (h))</author>
                                                <category>Blog</category>
                                                <pubDate>Thu, 02 Aug 2007 22:25:00 -0300</pubDate>
                <description>
                    &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;div style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-style: italic&quot;&gt;A Sarlanga,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-style: italic&quot;&gt;baqueano del corazón,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-style: italic&quot;&gt;en el otro lado de las cosas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style=&quot;text-align: right&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt; &lt;img src=&quot;http://fulgor.blogspirit.com/media/02/01/7cf1d22bbf46f4c24645a8accf56c599.jpg&quot; id=&quot;media-22312&quot; alt=&quot;7cf1d22bbf46f4c24645a8accf56c599.jpg&quot; style=&quot;border-width: 0pt; margin: 0.2em 1.4em 0.7em 0pt; float: left&quot; name=&quot;media-22312&quot; /&gt;&lt;br /&gt; Me pregunto si habrá alguna explicación para mis ganas de llorar de aquella mañana nublada en Campo Verde, cuando tenía tres años. Muchas veces he notado en mi padre o en otros hombres de mi familia ese estado indescriptible, un brillar fugaz de los ojos, un cierto aplanarse de las facciones y, princip