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  • Los Grinberg con Cacho Monges

     

    Hugo se levantó como a las 11, aquel domingo primaveral. En el espejo del baño, desde lejos, se miró. Tenía algo oscuro en el cuello. Al acercarse, descubrió un moretón, como si hubiera caminado por allí una araña pollito con su baba. ¿Qué iba a hacer ahora? Para el mediodía estaban invitados, con Julio, a almorzar en la casa de Chongo. Decidió atarse un pañuelo de su mamá, amarillo con flores rojas. Más o menos hacía juego, bajo la camisa marrón.
    Ya en el almuerzo, sentados ante la suntuosa mesa de la familia de Chongo, con Julio a su frente, la señora le preguntó:
    -¿Por qué llevas ese pañuelo al cuello, Huguito? ¿No te da mucho calor?
    -Es que anoche, mientras actuábamos, se me ha cortado la cuerda del bajo y me ha pegado en el cuello, señora... me ha quemado, dejándome una marca muy fea -Hugo mintió lo primero que se le ocurrió.
    -Ohhh -exclamó doña Elvira asombrada -¿Y cómo es que te quemó? ¿Se calientan las cuerdas del bajo eléctrico?...
    -Sí -mintió otra vez Hugo. -Se calientan mucho.
    De mirarlo con ojos muy abiertos, Chongo y Julio pasaron a bajar los párpados, concentrándose en la comida para no tentarse.
    -Mmm...-murmuró con tono de dudas la señora -no sabía que se calentaban tanto las cuerdas de los instrumentos...
    Hugo contaba con 17 años, entonces. Julio 15. Chongo, 14 y medio.

     

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    Eso fue cuando los Grinberg con Cacho Monges llevaban ya más de un año de éxitos, en Santiago. El grupo original, iniciado en el invierno de 1964, estaba compuesto por "Beby" Juárez en la batería, "Nuni" Santillán primera guitarra, el "Loco" Villa en bajo, el "Negro Silva" en guitarra rítmica y Cacho Monges, cantor. Por razones que Julio nunca averiguó, los miembros originales tuvieron que separarse y lo hablaron para reemplazar a "Nuni". Muy poco tiempo después, también Villa abandonó el grupo. Fue reemplazado por "Pinocho" Saldaña. Pero la inestabilidad parecía empecinarse: enseguida se retiraría, asimismo, el "Negro Silva". En su lugar, tocó "Julito" Gutiérrez, un chico amable y rubio, con guitarra eléctrica recién comprada. Todos -menos Julio- vivían en La Banda. La fatalidad, sin embargo, se encargaría de seguir dándole jaques al ensamble: Julito -en un accidente automovilístico que conmovió a la población de La Banda- murió. Tenía 15 años... Entonces Julio invitó a "su hermano" (por entonces el mejor amigo que tenía) Carlos Sánchez Gramajo (h), a integrar Los Grinberg. "Chongo" aceptó el desafío. Compró una guitarra Jakim, excelente, e ingresó. Julio aún tocaba con su guitarra blanca, nacarada, de dos micrófonos, fabricada por "Chinche" García, adquirida cuando cumplió los catorce años. Para señalar su vocación de pintor, Julito la había mandado a fabricar con forma de paleta. Esa guitarra tenía un inconveniente: era muy pesada. Debido a la ausencia de fábricas metalúrgicas en Santiago, y como debía proveerlas de una resistencia especial, para soportar sin arquearse la tensión de las cuerdas de acero -cosa que en las industriales se solucionaba con un fuerte núcleo metálico-, "Chinche" utilizaba madera de quebracho blanco. Pero así, los músicos, se veían obligados a cargar instrumentos que parecían de plomo, durante horas, sobre los escenarios.
    Chinche proveía de guitarras eléctricas, por entonces, a todos los grupos. En el Santiago aún escasamente comunicado con los grandes centros industriales y comerciales, comprar una guitarra eléctrica traída de fuera constituía todo un riesgo. Había que pedírselas a las únicas dos casas de música que por entonces había -Bazar Imperio y Olivares-, y casi sin ninguna seguridad. Los comerciantes pedían "una" guitarra eléctrica (no era un instrumento con mucho mercado en Santiago). Y si la que llegaba de Buenos Aires traía un diapasón duro, o pequeñas fallas... "a mamarla".
    Entonces los Rocklands, los Demonios y los Demonios del Ritmo, además de otros grupos menos importantes, solían encargar sus guitarras directamente al "Chinche" García, un electrotécnico de ojos azules, a quien llamaban así por el subido tono rojo de sus mejillas sobre una cara muy pálida. Chinche vivía en la avenida Belgrano, entre Pedro León Gallo y Mitre, a la mano izquierda yendo hacia el Sur. Era una casa antigua, medio ruinosa ya, en cuyos dos primeros salones el hombre tenía montados su taller de electricidad y carpintería.
    A Julio lo habían llevado allí "Meca" Helmans y "Pachi" Pinto. Pachi -que vivía en el Pasaje Figueroa, por allí cerca- tenía la primera guitarra eléctrica que Julio conoció, a sus trece años. Julio había quedado tan fascinado con el sonido de esa guitarra, que desde entonces acosaba a su padre para que le pagara una. Cuando llegó la ocasión -casi un año después-, la diseñó escrupulosamente.
    Una mañana, mientras estaba haciendo cola en una inmensa sala del edificio de Salud Pública, para obtener certificado de Buena Salud, se le acercó un muchacho más o menos de su edad.
    -Hola gato -le dijo- ¿vos sos Julito Carreras?
    Sí. Contestó Julio. Más sorprendido en realidad porque lo llamara "gato". Es que Beby, luego iba a saberlo, llamaba a todos así. Por los "Gatos Salvajes", un conjunto rosarino que le encantaba.
    -Nosotros estamos formando un conjunto -explicó desinhibidamente Beby, adolescente muy morocho, que llevaba el pelo cortado al rape en los costados y arriba levantándose como flechas, pese a la gomina-, necesitamos una guitarra. El chango que toca no tiene...-agregó con franqueza- y nos han dicho que vos tienes una...
    Debido a esa cuestión tan pragmática, fue que Julio comenzó a ensayar con aquel grupito, llamado "Los Juveniles", en La Banda. Nuni Santillán tocaba la segunda guitarra y Cacho Monges cantaba. Todos eran menores de quince años. Su primera -y única- actuación- fue en el Club Tabla Redonda, de La Banda. No había corriente eléctrica allí, por lo que debieron conectar los equipos a una batería. Para un público de hombres con aspecto de campesinos, con sombreros negros y pañuelos al cuello, y muchachas oscuras en vestidos floreados, bajo los algarrobos y unos raquíticos faroles, tocaron "Gavilán Pollero", "Despierta Lorenzo", "Muñequita", de los Pick Ups, conjunto por entonces de Moda. Allí Julio conocería también a un tipo entrañable, ya "grande" (más de veinte años): el "Ñoño" Gallegos. "Ñoño", un rubio muy parecido al actor inglés Michael Caine, iba a ser el "chofer oficial" de los Grinberg, durante toda su trayectoria. Y los acompañaría siempre, con su auto sedán, no sólo en sus viajes, sino también en las farras.

    Carlos "Chongo" Sánchez Gramajo era por entonces el mejor amigo de Julio. No tocaba demasiado la guitarra, apenas conocía los acordes. Pacientemente, Julio acompañaría a su amigo a practicar los principales rasguidos: rock, bossa nova, rock lento... El propósito era incorporarlo al grupo musical. Cuando lo consiguió, la madre de su amigo accedió a regalarle una guitarra eléctrica Jakim, con caja liviana, comprada en Casa Olivares.
    Con el ingreso de Chongo Julio adquirió mayor influencia en el conjunto. Ya por entonces -mediados del 65-, tocaban temas de los Gatos Salvajes, Horacio Ascheri, Los Iracundos: "La respuesta", "Ojos sin luz", "Mi promesa", "El Golpe", "Calla". Esta hegemonía iba a consolidarse cuando, debido al abandono de "Pinocho" Saldaña, quien debía trasladarse a Córdoba, ingresara Hugo Mansilla.
    A instancias de Julio, Hugo compró un bajo eléctrico y comenzó a practicar "matando caballos", pues apenas tuvieron unos días, antes de lanzarlo sobre un escenario. Que no era cualquiera, pues se trataba del Parque de Grandes Espectáculos. Y además actuaban esa noche quienes, por entonces, ya eran "monstruos sagrados": Los Demonios, con Johnny Dellara.
    Pasaron bien la prueba. El grupo, que al principio alquilaba un equipo para sus guitarras a quien llamaban "El Petiso Barrón", pudo adquirir instrumentos nuevos y amplificadores, con el producto de sus remuneraciones.
    Todos los fines de semana tenían contratos, casi siempre en tres o cuatro clubes. Para cumplir con lo cual debían desarmar los instrumentos, cargarlos en el auto de Ñoño, bajarlos nuevamente y volverlos a armar en el club siguiente, para repetir el operativo cuantas veces fuera necesario. Un buen ejercicio, que les exigía alimentarse bien y cierto descanso luego. Algunas veces, tocaban hasta tres actuaciones en cada club, por noche. Y si tocaban en tres clubes, debían hacer en total nueve actuaciones de media hora cada una, trasladándose para esto y repitiendo el operativo de armar, acarrear, subir y bajar equipos, una y otra vez, entre distintos sitios con seis o siete kilómetros en el medio. Esto se intensificaba aún más en los carnavales, período durante el que actuaban todos los días, pero a la siesta y a la noche.
    Cierta vez Julio le preguntó a Beby por qué había bautizado "Los Grinberg", al grupo. "Por el judío que nos alquilaba los equipos", contestó el negro. "Todos los equipos tenían, pintado con letra grande, el letrero Grinberg... incluyendo el bombo de la batería... entonces, lo más fácil fue seguir llamándonos así"
    Durante los carnavales del 66 Julio se hizo amigo de unos chicos de Tucumán, que cantaban temas de los Beatles traducidos al castellano. Y también cierto potpurrí de cancioncillas populares. Los "sponsoreaba" un joven empresario tucumano, de origen árabe: Karim Melem Dip. Por eso, se llamaban "Los Karim". Se alojaban en el "Grand Hotel", de Diéguez. Como Los Grinberg tocaban también en los bailes y confiterías de Diéguez -Rio Dulce Grill, Parque de Grandes Espectáculos, Confitería Ideal-, se conocieron y confraternizaron.
    A Julio lo deslumbró el tren de vida que llevaban. Almorzaban opíparamente, cenaban en los mejores restaurantes, se calzaban con los más caros mocasines, exhibían pantalones y remeras de boutique. Y esto impresionaba especialmente a las chicas de las clases más altas. Cuando le propusieron ir a tocar con ellos, Julio no dudó. Se sentía ya -a los 16 años- "un profesional". Pensó que iba a hacer mucha plata, en Tucumán.
    Así que terminando el carnaval, anunció a sus compañeros la decisión, para que buscaran un guitarrista cuanto antes. No demoraron más de un par de días en hacerlo. En su lugar entraría "Ruly" Barrionuevo, un joven alto y rubio, con cierto aire a Ricky Martin. Sólo que Ricky Martin aún no había nacido. Y este joven era de La Banda. Muy buen músico, poseía un excelente guitarra... así que el conjunto siguió sin trabas.
    Y Julito pudo viajar, con "Johnny Perkins y Los Karim", a Tucumán.